Ruta ecoturística sin explotar

Vistas esplendorosas que obligan a detenerse por largo tiempo María Antonia Ló[email protected] Casi a la orilla de la Portuaria, hay una entrada peatonal, dividida entre una malla que protege a una empresa de pesca y un matorral. Más arriba se divisan unas casitas de madera medio armadas. Los habitantes de esos “ranchitos” son los que […]

  • Vistas esplendorosas que obligan a detenerse por
    largo tiempo

María Antonia Ló[email protected]

Casi a la orilla de la Portuaria, hay una entrada peatonal, dividida entre una malla que protege a una empresa de pesca y un matorral. Más arriba se divisan unas casitas de madera medio armadas.

Los habitantes de esos “ranchitos” son los que transitan ese pasadizo, el resto del camino, es visitado mayormente por pobladores curiosos en verano.

La entrada no dice nada. No hay rótulos, el camino es bastante complejo, montoso. Sin embargo, la experiencia es valiosa.

La idea es escalar el cerro La Vigía. Para poder llegar hasta un faro que funciona con un panel solar.

Luego de pasar por las primeras casitas, hay que seguir el rastro de un camino “de a pie”, hasta llegar a una especie de cima, donde se ubica la última casita de lo que han dado en llamar el Barrio Vigía.

Pese a que no hay ni mínimas condiciones, en esa casita se logra la primera vista de la bahía en toda su extensión.

Pero el camino apenas comienza. En la medida que se avanza, siempre hacia arriba, se vuelve más escabroso, porque no hay mantenimiento. Solamente hay huellas de algún tractor que, al parecer, intentó abrir camino, pero el esfuerzo quedó truncado.

Una vez superados los problemas de vegetación que cubren hasta la cintura, se notan rastros de alguien que ha pasado con anterioridad, no hay señales de machetazos, es casi una oportunidad de estar en total entorno con la naturaleza virgen, sin embargo, un poco de esfuerzo, de acondicionar el lugar, bien valdría la pena para motivar a que, todos aquellos que buscan la playa, logren una experiencia distinta.

El trecho montoso no es muy difícil salvarlo. Una vez que se llega a un área limpia, el espectáculo es superior. El sol alumbra y desde la mitad de la cima se pueden lograr dos panoramas impresionantes.

Los pescadores dicen que “se ve la frontera de Costa Rica”. Y no se equivocan. Hacia el sur, se puede observar una verdosa bahía color verde-esmeralda, le llaman “La barranca” y hacia la profundidad, otra de menor esplendor, “Los Lamosos”. Las aguas de ambas se mezclan con las del vecino país, donde se identifica algunas embarcaciones.

En el sector norte del cerro, la vista es igual de esplendorosa, una marea que golpea piedras, sale de la fuerza de las aguas, se puede reconocer la casi perfecta herradura de las fotos tradicionales de San Juan del Sur y unas embarcaciones que parecen juguetes desde la distancia.

Durante el trayecto, fácilmente pudieran trazarse tres rutas, y es casi un acertijo adivinar cuál lleva al faro. Tras 20 minutos de caminata, se llega a este sitio donde la posibilidad de descansar es absoluta.

No se puede obviar que el recorrido está lleno de árboles como el sacuanjoche, jiñocuabo, veraneras, ‘heliponias’, amapolas y una abundante variedad de cornizuelos.

Y los animales no se quedan atrás, durante el camino se pueden ver pasar zorros, por el cielo aves migratorias, una cantidad indeterminada de mariposas de colores, urracas además de pequeños cangrejos que despiertan a media mañana en la cima de la montaña en busca de las profundas aguas.  

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