- “El espionaje es la clave”, afirmó el jefe del Ejército de EE.UU. “Estamos en un conflicto multidimensional”
Emilio SánchezEFE
WASHINGTON.- A pesar de la rápida movilización de tropas, aviones, buques de guerra y reservistas, la principal prioridad del momento en el Pentágono es el espionaje, y se descarta un ataque inminente y masivo.
“El espionaje es la clave”, afirmó el general Henry Shelton, jefe de la Junta de Estado Mayor que el jueves se despidió del cargo en plena campaña bélica.
Ni Shelton ni el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quisieron comentar la proximidad de un ataque, pero de sus palabras se desprende que el poderío militar de EE.UU. va a desempeñar, por ahora, un papel secundario.
“Estamos en un conflicto multidimensional. Para ser realmente efectivos tenemos que usar muchas herramientas”, dijo el general Shelton.
Aunque el presidente George W. Bush sigue pronunciando en múltiples ocasiones la palabra “guerra”, la campaña bélica en sentido convencional no se va producir a corto plazo en cuanto al empleo de las armas más destructivas con las que cuenta el Pentágono.
Quien ha sido más claro, en cuanto a descartar la inmediatez de un ataque, ha sido uno de los principales halcones del Pentágono: el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, quien señaló en una reunión de la OTAN, en Bruselas, que no hay que esperar un ataque contundente en el corto plazo.
Wolfowitz, quien no ha ocultado su disposición a llevar la guerra contra el terrorismo a los países a los que EE.UU. acusa de acoger grupos terroristas, como Iraq, explicó a los ministros de Defensa de la OTAN que los ataques deben ser selectivos.
PODERÍO MILITAR INSUFICIENTE
El Pentágono parece haber llegado a la conclusión de que el lanzamiento masivo de misiles crucero Tomakawk o el envío de bombarderos B-1, B-2, o los conocidos B-52 de la guerra de Vietnam no tendrán la efectividad adecuada, y, es más, pueden ser contraproducentes en la campaña global.
IMPORTANTES CONSIDERACIONES POLÍTICAS
Los planes del Pentágono buscan, al mismo tiempo, según reconoció el general Shelton, minimizar los efectos de un ataque indiscriminado en la consolidación de la alianza internacional contra el terrorismo.
Significa también la constatación de que contra las células terroristas creadas por Ossama Bin Laden no se pueden usar misiles y bombardeos masivos, como ocurrió en Vietnam con la utilización continua de los bombarderos B-52.
Políticamente, los Estados Unidos buscan también la colaboración de los países musulmanes, y es consciente de que un ataque indiscriminado podría generar una fuerte reacción de protesta entre aliados claves como Pakistán o Arabia Saudí.
Otro factor adicional es que el enemigo puede estar infiltrado en cualquier punto de Estados Unidos.
FUERZA MILITAR UNA «HERRAMIENTA» MÁs
En un artículo de opinión publicado ayer en el diario “The New York Times”, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld insistió en que el conflicto contra el terrorismo es tanto una batalla financiera como militar.
“Ésta no es una guerra en la que vamos a centrarnos necesariamente sobre objetivos militares y grandes fuerzas dispuestas a tomar esos objetivos. Sin embargo, las fuerzas militares serán probablemente una de las muchas herramientas destinadas a parar individuos, grupos y países que participan en terrorismo”, señaló Rumsfeld.
Y en esa estrategia, las unidades de operaciones especiales, como los “Boinas Verdes”, tendrán una tarea prioritaria para atacar objetivos muy selectivos.