- Mientras, “Tito” Trinidad calienta y llega Cal Ripken
Edgard Tijerino M.ENVIADO ESPECIAL [email protected]
NUEVA YORK.- Rubén diría, la Reina de las ciudades está viva, se incorpora, pero permanece triste… Los suspiros escapan de esos grandes edificios atrapados por la tragedia, y encima de todos ellos, como una libélula vaga, flota la indignación abrazada con el desconsuelo.
Estoy aquí para ver pelear a Félix “Tito” Trinidad y jugar a los Yanquis, pero el impacto es tan reciente, que al ver esta gran ciudad sin los edificios gemelos, aturdida por sus cuatro costados, recuerdo al incomparable y majestuoso Mohamed Alí, derribado por aquel gancho zurdo de Joe Frazier en 1971, precisamente en el ring del Madison Square Garden, la Catedral del Boxeo.
Apenas 25 personas en el 757 de American que nos trajo desde Miami… Salgo de un aeropuerto casi vacío y llegó a otro igual. Han pasado apenas 17 días y el mundo sigue girando al revés.
Hay policías por todos lados, y los registros nos hacen sentirnos en un campo nudista… Revisión en el Aeropuerto La Guardia, dos paradas obligatorias para el taxi que nos lleva a la ciudad junto con los funcionarios de la OMB Ricardo Rizo y Luis Pérez, vigilancia estricta al entrar al Hotel, chequeo para ingresar al pasillo de los ascensores, doble registro en el Garden para ir a buscar las credenciales… Tomé el cepillo dental, entro al baño y vuelvo a ver hacia todos lados. Y es que después de lo ocurrido, todos somos sospechosos hasta que no se demuestre lo contrario.
No hay molestia, pero sin confianza, no hay alegría… Nueva York siempre ha sido acusada de ser arrogante, inexpresiva, indiferente frente a los contrastes, pero nunca ha sido una ciudad emocionalmente hundida, con la preocupación reflejada en casi todos los rostros, como se ve ahora.
Camino por la Quinta Avenida hacia la Calle 42, buscando el corazón de Manhatan, y recuerdo mi primer aterrizaje en esta gran ciudad invitado por Carlos García para ver el caso George Mckenzie en las Oficinas de John Johnson… Han pasado casi 30 años con una docena de visitas a la Capital del Planeta, y me da la impresión de que la gente ha perdido velocidad, como si de pronto, sus piernas estuvieran más pesadas… Nadie vuelve a ver hacia arriba, como si se temiera hacerlo. Ni siquiera el rugir de un avión en la zona de Shea Stadium, obliga a eso.
En el Burger King, todos comen en silencio sin volverse a ver, como si fueran robots… Y es que el ruido de los aviones, la repercusión de los impactos, las imágenes de la tragedia, la desesperación, el agobio, la impotencia, las heridas, la sangre, los corazones acelerados, mantienen alterado el sistema nervioso del mundo entero.
No me he acercado a la zona del World Trade Center, pero lo haré hoy, después de retirar mi credencial.
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, dijo el poeta, pero aquí, en esta Nueva York golpeada y todavía sangrante, las piedras sienten, y gimen, y se rebelan frente a la adversidad, no sólo la gente.
Decido tomar un café cerca de la famosa esquina de Times Square y veo un cartel gigantesco frente al Teatro Amsterdam: Hoy, el Rey León, tickets disponibles… Miro hacia arriba buscando el Empire State… Ahí está. Compruebo que la gran ciudad vive, está en pie, pero todavía no ruge, y me acuerdo que he venido para ver pelear a “Tito” y jugar a los Yanquis, señales significativas.
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