- Aunque el incremento de las medidas de seguridad pueden aminorar la frecuencia y el impacto de los suicidas,
no pueden eliminarlos
completamente
John Daly (*)JANE´S.COM
Los suicidas son las armas más temidas en el arsenal de los activistas políticos. A diferencia de las campañas de bombas del IRA (Irlanda del Norte) y de ETA (en España), para citar dos ejemplos, no existe ninguna advertencia telefónica: el acto mismo y su caos resultante anuncian el ataque.
Mientras algunos ataques tienen éxito contra objetivos militares, la mayoría son realizados contra civiles. Como señala un manual de operaciones (del grupo islámico extremista anti-israelí) Hamas, es fútil ponerse a cazar al tigre cuando hay muchas ovejas alrededor.
Desde que la técnica fue perfeccionada a principios de los 80, ésta ha tenido un éxito macabro, siendo el ejemplo más reciente los ataques del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Mientras en Sri Lanka (e Israel) se da la mayoría de los ataques suicidas, los ataques contra los Estados Unidos ensombrecen a los demás en cuanto a su planificación, complejidad y éxito.
Los suicidas que cargan consigo bombas presentan a los oficiales de seguridad y militares problemas de detección y prevención. Israel ha desarrollado un enfoque proactivo con programa de “asesinatos selectivos” (de líderes palestinos relacionados con el terror), pero la viabilidad a largo plazo de dicha operación está por verse.
Antes del 11 de septiembre, los Estados Unidos tuvieron encuentros relativamente pocos, aunque violentos, con los suicidas del Medio Oriente. El 23 de octubre de 1982, un militante de Hizbolá (chiítas pro-iraníes) hizo estallar el camión que conducía, en el que iban 5,000 libras de explosivos, al embestir las barracas en Beirut, asesinando a 241 marines estadounidenses que habían sido parte de un despliegue bajo el “Plan Reagan” para proteger el retiro de la Organización para la Liberación de Palestina de Líbano.
LAMENTO TARDÍO
El ataque a la embarcación USS Cole el 21 de octubre de 2000, provocó la muerte de 17 marineros y produjo daños superiores a los US$243 millones en el barco de guerra. Los investigadores sospecharon el involucramiento de Ossama Bin Laden en el ataque. Los puntos de seguridad de las fuerzas americanas en el Medio Oriente fueron reforzados, pero la política de Estados Unidos hacia Bin Laden continuó siendo aislarlo y seguir su pista, en lugar de intentar un asalto directo. Es una decisión que, vista en retrospectiva, muchos lamentan.
Para los Estados Unidos, lo peor estaba por llegar. Desde que hace un año comenzó la Intifada palestina, la retórica fundamentalista ha asociado crecientemente a la política americana con la de Israel. Muchos desearon ver a Israel —“el profanador de dos lugares sagrados musulmanes”— y a su abastecedor de armamentos, humillados.
Los ataques destruyeron más que edificios y vidas. Ellos dejaron al desnudo las deficiencias de la red de inteligencia de Estados Unidos; desde sus equipos hasta sus analistas. También puso en evidencia la falta de una política de gobierno viable contra el terrorismo.
¿QUÉ CAMINO TOMAR?
Cuando los israelíes eliminaron al líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), Abu Alí Mustafá el 27 de agosto pasado, la respuesta vino pronto. El miembro del Comité Central de la organización, Abu Talil Tallal, dijo: “Nuestra respuesta será dura y sus objetivos serán los intereses norteamericanos e israelíes, estén donde estén. No tenemos otra opción más que convertirnos en bombas humanas y acosar al enemigo israelí en todas partes, dentro (del país) y fuera”. El 3 de septiembre, el FPLP hizo detonar 4 bombas en Jerusalén, hiriendo a 3 personas.
El camino por seguir no está claro. Aunque las medidas de seguridad incrementadas pueden aminorar la frecuencia y el impacto de los suicidas, no pueden eliminarlos completamente. Las medidas de seguridad restringen en gran medida los movimientos de la población protegida, mientras los “hombres-bomba” se pueden disfrazar para infiltrarse. El 4 de septiembre, un suicida palestino disfrazado como un judío ortodoxo voló por los aires e hirió a 13 en Jerusalén.
El deseo de justicia de Estados Unidos debe ser moderado por la comprensión de lo que está en juego al invadir Afganistán. Para Bin Laden, una invasión podría ser perfectamente el detonador que cause la caída de los regímenes musulmanes que él odia, como Arabia Saudita y Egipto.
PUBLICIDAD A LA CAUSA
Los ataques suicidas sirven para otros propósitos además de los daños producidos. Primero, ellos generan la cantidad máxima de publicidad para la causa; y segundo, obligan a la intervención exterior. El surgimiento de las redes de noticias globales de 24 horas como CNN y el explosivo crecimiento de Internet han hecho posible el surgimiento de una audiencia mundial.
El soporte ideológico de los actos suicidas en el Medio Oriente no es difícil de hallar. Mientras el Corán en el capítulo “Las Mujeres”, versículo 29, parece prohibir específicamente el suicidio, el versículo 75 implica que la lucha contra la opresión es recomendable. Esta ambigüedad se extiende al clero islámico, a juzgar por algunas declaraciones.
ALGUNAS OPCIONES DE ISRAEL
Israel ha considerado muchas opciones para tratar la amenaza. En agosto, el viceministro de Seguridad Pública de Israel, Gidon Ezra, pidió liquidar a los familiares de los suicidas como una medida de disuasión.
En una entrevista radial, el jefe de Hamas sugirió la respuesta de esa organización a tal política. “Eso daría a la resistencia palestina la justificación para matar a todos los israelíes que tienen parientes que sirven en el Ejército”, dijo el jeque Yassin, líder de Hamas.
Ezra también sugirió que los restos de los suicidas sean enterrados con cuero de cerdo (un animal impuro para los musulmanes) o que sean untados con sangre porcina, profanando el cuerpo, y, por tanto, haciendo imposible que cualquiera de ellos se convierta en mártir religioso.
(*) Esta nota es un resumen del artículo del autor para la prestigiosa revista de seguridad y asuntos militares Jane´s.
(Traducción: Ivet Cruz.
Supervisión: Alberto L. Alemán