Geraldine AmielAFP
VIENA.- El tenso contexto internacional, después de los atentados en Estados Unidos, está poniendo en apuros a una organización que quiere aparecer como responsable y preocupada únicamente por la estabilidad de los precios del petróleo.
Hoy, los ministros del petróleo del cartel se reunirán en Viena para tratar, como de costumbre, sobre la evolución de los precios en los mercados y el estado de la demanda de petróleo en el mundo.
Si hasta ahora la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP) evitó mezclarse en el aumento de la tensión en Medio Oriente, en esta ocasión le será difícil abstraerse del nuevo contexto político internacional tras los devastadores atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Washington y sus repercusiones económicas.
Excepto Venezuela, los otros diez miembros del cartel son países musulmanes o de mayoría musulmana, entre ellos Irak, Libia e Irán, que están en el punto de mira de Estados Unidos por presuntamente apoyar el terrorismo internacional. Todos los países de cartel, salvo Irak, condenaron los atentados. Algunos, como Libia, aseguraron incluso a Washington su apoyo contra el régimen de los talibán en Afganistán, donde se refugia Ossama Bin Laden, el sospechoso número uno por los atentados.
Dado que sus países están estrechamente implicados en la crisis que sacude al planeta, los ministros de la OPEP se esfuerzan una vez por ignorar el exterior.
A su llegada a la capital austríaca, ministros como el libio Ahmed Abdulkarim Ahmed o el saudí Alí Al Nuaimi se negaron a hacer cualquier comentario que no se refiriera estrictamente al sector petrolero.
La OPEP quiere convencer a todo el mundo de su profesionalismo, para tranquilizar a los mercados y a sus clientes, y garantizar la estabilidad de sus propios ingresos, una obsesión tras la crisis financiera asiática y la caída histórica de los precios del petróleo de 1998/1999.
“El cartel mantendrá sus niveles de producción durante su conferencia de Viena con, paralelamente, un discurso responsable y complaciente”, estimó Frédéric Lasserre, de la empresa Equity Research.
Al tratar de mantenerse hermética al contexto internacional actual, la organización intenta también evitar las disensiones y el final del frágil equilibrio en las partes de mercado que se instaló entre todos desde hace menos de dos años. No hay que olvidar tampoco que, después de haber sido ella misma el objetivo de una toma de rehenes por parte del terrorista Carlos en 1975, la OPEP trató de limitarse sólo al ámbito económico.
El contexto político es ahora muy pesado y la crispación es visible en los rostros de algunos ministros. El ministro iraquí del petróleo, Amer Mamad Rachid, brillará por su ausencia en la reunión, como ocurrió en las anteriores crisis internacionales que implicaban a Bagdad.
Además, la importancia de las opiniones públicas en sus países, a menudo hostiles a los países occidentales, debería pesar en los ánimos de los responsables del cartel, un cartel al que esos mismos países occidentales rogaron que contribuyera al esfuerzo de reconstrucción asegurando una alimentación estable de los mercados del petróleo.