- Juraron fidelidad a su líder en
escuelas de “guerra santa”
Mazhar AbbasAFP
KARACHI, PAKISTÁN.- El ejército de los Talibán, en el poder en Afganistán, quizá suscite sonrisas en Estados Unidos, pero dispone de un arma que jamás tendrán los norteamericanos: 40.000 hombres dispuestos a morir para defender su fe, formados en las escuelas coránicas, las madrassas.
Según fuentes allegadas a los Talibán, interrogadas por la AFP, esa cifra representa el número total de hombres que prestaron juramento —el”bait ul almaut”— de morir si la orden les es dada por el molá Mohammad Omar, líder supremo de los Talibán en Afganistán.
Esos hombres son el puro producto de las madrassas “jihadi”, verdaderas escuelas de guerra santa donde sólo son seleccionados los mejores.
“Son musulmanes convencidos, fieles a Amir Momineen (el comandante de los creyentes Omar) y dispuestos a morir por el Islam”, asegura un responsable talibán.
Existen miles de madra- ssas en Afganistán, que forman alrededor de 1,2 millones de estudiantes, pero sólo 35 de ellas son “jihadi”.
¿Se trata acaso de esos campos de entrenamiento de terroristas que Washington juró destruir? Ese responsable Talibán se niega a confirmarlo, pero reconoce que las escuelas fueron creadas para formar una “red de musulmanes fieles y profundamente comprometidos”.
La mayoría de esos alumnos son afganos, pero algunos vienen de otros países musulmanes y árabes. Estudian el Corán, pero reciben también un entrenamiento físico severo que debe permitirles sobrevivir varios días sin agua ni alimentos.
Rehmatullah Kakazada, cónsul general del poder Talibán en Karachi (sur de Pakistan), no niega la existencia de esas madrassas “jihadi”.
“Sí, por supuesto, existen entre 30 y 35 madrassas jihadi”, afirma. Cada una de esas escuelas de la guerra santa forman de 1.000 a 2.000 estudiantes, según ese diplomático Talibán. La mayoría de los Talibán en Afganistán, incluido los miembros del gobierno, estudiaron en esas madrassas pakistaníes.
“Están todos listos”, asegura Aminullah Shah, líder de una fracción islamista radical, que estima que sólo en Karachi unos 70.000 estudiantes pasaron por las escuelas coránicas.
Nizamuddin Shamazai, el mufti (dirigente religioso) del mayor seminario musulmán de Pakistán, el Jamia-ul-Uloom-ul-Islamia, llamó a sus ex alumnos y partidarios a apoderarse de los aeropuertos, si el gobierno pakistaní autoriza a los norteamericanos a utilizarlos.
“Estados Unidos está avisado. No será fácil vencer a estos hombres que juraron morir”, asegura por su lado Hasan Askari, un profesor en una de esas madrassas.
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