Tito Rondón [email protected]
Después de la temporada se formó la Selección Nacional, y durante un Torneo de la Amistad en República Dominicana salió un chavalo, Denis Martínez, al box y paró a Cuba aunque los antillanos se fueron arriba; relevó el zurdo Antonio Herradora, el equipo vino de atrás, y se le ganó a los cubanos por primera vez en 20 años.
Yo estaba en Pochomil escuchando el juego, deseando unirme al final al montón de despreocupados salvajes que disparaban alegremente sus armas al cielo en celebración. Comenzábamos a soñar…
En realidad, ese torneo fue fatal para Nicaragua, pero la Selección se siguió preparando bajo la mano sabia y firme de Tony Castaño.
Castaño había ganado con el Cienfuegos los dos últimos campeonatos profesionales en Cuba y la Serie del Caribe. Su gran trayectoria había continuado en México hasta que un dueño de equipos que se había equivocado culpó a Tony del fracaso de su escuadra. La experiencia fue tan amarga que Ursina, la esposa de Tony, temiendo por su salud le hizo prometer que nunca más sería manager de un equipo de béisbol.
Tony cumplió su promesa, para desesperación de Carlos García, y solamente fue el entrenador general. Esa resultó ser la fórmula mágica, ya que Carlos es la clase de dirigente que no deja en paz a su manager, y eso Tony no lo hubiera permitido.
Salir de una reunión de la Comisión Técnica y encontrarme con Tony era algo que no tenía precio para mí. Por ejemplo, una vez le pregunté sobre Josh Gibson, el gran receptor, el “Babe Ruth de color”. Me contestó, “Chico, era un monstruo, lo único que te puedo decir es que tuve la suerte de que cuando coincidimos en la misma liga siempre me tocó jugar en el mismo equipo que él”.
Después de haber perdido con Cuba apenas por 2-0 en 1971 en La Habana, y haberle ganado en Dominicana, vientos de esperanza soplaban alrededor de la Selección.
Eso era ayudado por el hecho que en 1972 se había consolidado la Primera División, y nuevas caras habían surgido como ídolos sustituyendo a la generación de la Profesional.
Si Duncan Campbell, Rigo Mena, “El Ñato” Paredes, Willie Hooker, y aún David Jiménez y Joe Hicks se habían ido, la verdad es que Ernesto López, Julito Cuarezma, César Jarquín, Herradora, Calín Rosales, Vicente López, Julio Juárez, Sergio Lacayo, el Capi Obando, Calixto Vargas y compañía los habían sustituido con creces, pues este grupo no solamente era de buenos jugadores sino que tenían además carisma y personalidad.
Los preparativos seguían; Carlos García consiguió la contribución del gobierno para construir, remodelar, terminar o retocar cinco estadios, de paso poniéndole luces a los cinco (cambiaron las de Managua) y vinieron las primeras pizarras eléctricas, incluyendo una de mensajes para la capital.
El entusiasmo empezó a subir de temperatura.