CNN, AP
NUEVA YORK.- En los nueve días que siguieron al peor atentado terrorista en la historia de la humanidad, dos bebés vinieron al mundo rodeados de esperanzas, así como de una irreparable sensación de abandono. Sus padres murieron en el ataque suicida contra el World Trade Center.
Gabriel Benjamín Jacobs nació seis días después de que su padre, Ariel, fuera sorprendido por el atentado cuando participaba de un desayuno de negocios en un restaurante en lo alto de la primera torre.
El niño, saludable, heredó los cabellos rojizos del lado paterno de la familia. Su madre, Jenna, de 27 años, dio a luz en un hospital al norte de la ciudad de Nueva York.
Ariel Jacobs era vicepresidente ejecutivo de una multinacional de software. En los últimos meses se había preparado intensamente para asistir al primer parto de su esposa.
El lunes, su labor al lado de Jenna fue asumida por los abuelos del bebé.
“Ella (Jenna) fue una campeona. Lo hizo maravillosamente”, declaró la madre de Ariel, Silvia. “Es una joven muy fuerte”, agregó.
“Está decidida a ser la misma madre maravillosa que sería en cualquier circunstancia. Ariel era mi único hijo y Gabriel será mi único nieto. Resisto porque soy fuerte. Nos tenemos que mantener unidos”, dijo.
Según Silvia, Jenna, que no quiere hablar con la prensa, quedó muy aliviada después del parto. “Está con el bebé… hay que respetar esos momentos”, dijo la suegra.
Ariel, que estaba muy emocionado con su futura paternidad, habría cumplido 30 años el domingo, víspera del nacimiento de su hijo.
“Deseaban mucho esa criatura”, dijo Silvia. “Tenían muchos planes. Es una pérdida terrible”.
En Los Angeles nació el jueves el bebé de otra viuda de las víctimas del atentado. Kellie Lee dio a luz a Allison. El padre de la niña, Daniel, trabajaba como carpintero en los escenarios del grupo Backstreet Boys e iba a bordo del vuelo 11 de American Airlines que se estrelló contra una de las torres.