- Una mina cortó sus sueños de adolescente, hoy lamenta la discriminación laboral de que es objeto por tener una discapacidad
Adolfo Olivas OlivasCORRESEPONSAL / [email protected]
Pedro Pablo Moreno Rodríguez aún no se recupera de la conmoción provocada por el estallido de una mina antipersonal, que le cercenó su pierna izquierda, dejándole graves secuelas físicas y psicológicas, porque lamentablemente también ha sufrido el desprecio laboral por tratarse de un discapacitado.
Pedro Pablo, de 29 años, recuerda con amargura aquel trágico 30 de octubre de 1987, cuando en un “abrir y cerrar de ojos” pisó un artefacto explosivo al pasar por las cercanías de una torre de tendido eléctrico, mientras iba rumbo al Barrio El Rosario, después de vivir “un día fenomenal en las frescas aguas del Río Estelí”, junto a un par de amigos.
Cuando recobró el conocimiento en el Hospital “Dávila Bolaños”, de Estelí, sintió que sus ilusiones y sueños de joven quedaban sepultados para siempre, al descubrir que sólo tenía una pierna y que parte de su cuerpo estaba perforado por las esquirlas de la mina.
“Fue terrible aquello, pues en la poza Las Joyas, nos bañamos y divertimos con mis dos amigos, y cuando íbamos muy alegres para nuestras casas yo sufrí la tragedia”, relata con mucho dolor Pedro Pablo, quien entonces tenía 16 años.
VENDIÓ SU CASA PARA COMPRAR PRÓTESIS
A partir del funesto acontecimiento, su vida dio un viraje, y las ilusiones que anidaban en su mente se evaporaron y un par de muletas se convirtieron en su mejor compañía por un período de dos años, porque desgraciadamente su situación económica le impedía tener acceso a una prótesis.
El deseo de despojarse de las muletas, lo condujeron a vender la casita que tenía en el Barrio El Rosario y comprar la tan anhelada prótesis, para poder salir a la calle con más libertad y disfrutar del calor de sus amigos de juventud.
“Lo que a mí me sucedió no se lo deseo ni a mi peor enemigo, fue algo muy terrible, porque perdí el disfrute a plenitud de mi juventud”, narra Pedro Pablo Moreno Rodríguez, quien vive en el Barrio “Juno Rodríguez” de la ciudad de Estelí, en casa de sus padres.
La voluntad extraordinaria de superación de Pedro Pablo lo ha llevado a graduarse en técnico básico y medio de contabilidad y como operador de computadoras, para hacerle frente a la vida.
DISCRIMINADO
En su relato no puede esconder la discriminación que ha sufrido en los sitios donde ha trabajado, y manifiesta que por su discapacidad los contratos laborales se le reducen a tiempo mínimo, a pesar que su desempeño está a la par de cualquier persona.
Pedro Pablo piensa en grande, y expresa que su mayor anhelo es coronar una carrera profesional, pero que para ello necesita una mano amiga que le ayude a conseguir un trabajo para poder costear sus estudios.
“A pesar de las dificultades, siempre voy adelante, nunca retrocedo ni me decepciono, en verdad, yo quiero superarme”, menciona.
MINAS DEBEN DESAPARECER
Al sufrir en carne propia las nefastas secuelas que producen las minas, Pedro Pablo Moreno Rodríguez considera que el Gobierno y organismos internacionales deberían destinar fondos para la rehabilitación de las víctimas, con el fin de que puedan reinsertarse a la vida social y productiva del país.
Al opinar sobre estas mortíferas armas que ocasionan miles de víctimas en el mundo, el joven Moreno Rodríguez, en tono melancólico, expresó que “ojalá que eliminen las minas en Nicaragua y en todo el mundo, porque sólo tragedias producen”.
Con sus ojos perdidos en el infinito, tal vez recordando aquel fatídico 30 de octubre de 1987, el joven Pedro Pablo Moreno Rodríguez considera que “la labor del desminado es un trabajo que vale la pena aplaudirlo”.
“Ojalá que las minas antipersonales desaparezcan de la faz de la tierra, porque mucho daño han causado”, clamó Moreno Rodríguez, quien a pesar de su discapacidad se esfuerza para reinsertarse en la vida social y productiva.
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