Hay otro Clemens

Edgard RodrÍguez C. [email protected] Jim Leyland sintetizó el sentimiento de muchos hacia Barry Bonds, mientras era su manager en los Piratas de Pittsburgh: “No deseo salir ni a la esquina con él, pero lo quiero diario en el line up”, confió el venerable timonel. A los fanáticos de los Piratas antes, y a los de […]

Edgard RodrÍguez C. [email protected]

Jim Leyland sintetizó el sentimiento de muchos hacia Barry Bonds, mientras era su manager en los Piratas de Pittsburgh: “No deseo salir ni a la esquina con él, pero lo quiero diario en el line up”, confió el venerable timonel.

A los fanáticos de los Piratas antes, y a los de San Francisco después, tampoco les agradó como persona, pero es al tipo que han deseado en el plato cuando se necesita traer al home la carrera de la victoria.

Algo parecido ha ocurrido con Roger Clemens, aunque no haya provocado necesariamente esos niveles de animadversión que ha generado Bonds.

Quienes han conocido a Clemens, saben lo difícil que ha sido tratarlo. “Ni se te ocurra hablarle el día que le toca lanzar”, advierte Steve Wulf de ESPN. Sin embargo, quizá todo se debe a que por lo general sólo nos han presentado el lado duro del “Rocket”.

Pero detrás de esa figura enorme y ese magistral repertorio, Clemens ha demostrado ser dueño de un calor humano tan intenso, como el fuego que provoca su recta.

En Boston tuvo una de sus etapas más exitosas y a la vez difíciles. Sobre todo por la rivalidad que sostuvo con el columnista del Boston Herald, Dan Shaughnessy, quien lo citaba en el diario textualmente sólo para burlarse de sus errores de sintaxis.

Clemens no respondió al ojo por ojo. Cuando supo que la hija de Shaughnessy era tratada por leucemia, le envió una caja a través de una empresa de envíos. El conductor vio Shaughnessy y Clemens en el paquete y lo abrió pensando que sería una bomba, pero era un enorme oso que la hija de Shaughnessy llamó Clementina.

En una ocasión fue a visitar a los niños en el Children Hospital en Boston, y uno de los chicos no le creyó que era Clemens. Así que se fue al Fenway Park y al instante regresó uniformado.

Después de capturar tres premios Cy Young mientras jugaba para Boston, se fue a los Azulejos pensando que iría a la Serie Mundial. Entonces, el gerente Dan Duquette lo llamó acabado, y, los periodistas, “El estafador de Texas”.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí