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Leí con mucho interés y detenimiento la carta pública de Alexis Argüello del 5 de septiembre, en la cual da las razones de su decisión para haber aceptado apoyar y trabajar para la campaña presidencial de Daniel Ortega y compañía.
De cualquier manera ésa es su decisión y se respeta. Se ha ganado ese respeto con creces. Tanto en Nicaragua, como internacionalmente, se le admira y respeta.
Alexis, en su carta expresa haber perdonado a los que lo confiscaron, exiliaron y demonizaron. Es loable y encomiable su perdón. Realmente es de cristianos, perdonar.
Él también pidió perdón por sus fallas. Y él sabe que para que haya perdón tiene que haber penitencia.
Alexis, cuando falló, a nadie privó de su libertad, a nadie violó sus derechos humanos, no puso a padres en contra de sus hijos o viceversa, a nadie le robó, y a nadie mandó al exilio, mucho menos mandó a nadie a morir en una guerra civil.
Comparto su llamado a la reconciliación sincera entre todos los nicaragüenses. Pero sin justicia no hay reconciliación. Ciertamente, para que haya una genuina reconciliación entre todos los nicaragüenses no basta con golpearse el pecho y pedir perdón. Hay que retornar lo confiscado, robado, y piñateado a sus legítimos dueños; pagar por lo destruido; renunciar a la inmunidad y a la impunidad.
Hay que renunciar a la cultura del odio, la lucha de clases, y el revanchismo. A los muertos nadie los va a resucitar. Pero los que asesinaron, encarcelaron, y persiguieron a quienes diferían política e ideológicamente del gobierno rojo y negro de los 80, a ésos no se les puede premiar con presidencias, diputaciones, o ministerios.
Lo anterior es el currículum de los candidatos frentistas. Nadie con semejante currículum merece una segunda oportunidad sin antes haya mostrado genuino arrepentimiento, haya devuelto lo robado, y pagado por sus culpas.
Alexis no necesita montarse en el caballo efeselenista para hacer de Nicaragua una patria mejor. La única bandera que le hemos visto enarbolar es la Azul y Blanco de la patria. No lo imagino ondeando banderas partidarias. A los nicaragüenses nos consta que él no ha preguntado qué es lo que su país puede hacer por él, sino lo que él puede hacer, ha hecho y está haciendo por él.