Donna de la CruzAP
NUEVA YORK.- Los socorristas en el Centro de Comercio Mundial dijeron que presenciaron una carnicería inenarrable: trozos de cadáveres flotando en charcos de barro y cenizas, las torres de 110 pisos reducidas a cinco pisos de escombros.
“Vi maletas, trozos de carne humana, ropa ensangrentada por todas partes”, dijo el voluntario Joseph Caruso. “Creí que soñaba. Nunca había visto semejante destrucción”.
Poco después de que el atentado del martes borrara las Torres Gemelas del paisaje de Nueva York, sólo quedaban trozos ennegrecidos de hormigón y vigas de acero. Varias calles se habían convertido en ríos de agua, aceite y hollín. Una nube de cenizas, visible a muchos kilómetros de distancia, sobrevolaba Manhattan.
“Cuando salí de mi oficina no se podía respirar”, dijo el socorrista Thomas Warren. “El aire estaba lleno de humo y polvo”.
Warren dijo que algunas personas con dificultades para respirar fueron pisoteadas por las hordas en su fuga. Cientos fueron cortados por las esquirlas de vidrio. Dijo que escuchó llanto, gemidos de dolor y gritos pidiendo ayuda.
Toneladas de documentos yacían por todas partes mientras las autoridades guiaban a los periodistas en un recorrido por el lugar.
Sólo siete pisos de la torre norte quedaban en pie. La torre sur había quedado reducida a un montón de escombros de dos pisos de altura.
Integrantes de la Guardia Nacional vigilaban las ruinas de ambos edificios.
El olor del gas natural y el sonido de los generadores portátiles se extendían por todo el lugar. Un polvo a base de cemento pulverizado, material aislador y briznas de papel hacía difícil respirar sin una máscara y cubría las calles de una capa gris de varios centímetros de espesor.
Un puente peatonal había caído y bloqueaba una vía.
Enormes vigas de acero y paneles de aluminio impedían el paso por otras calles.
Bomberos en un camión grúa empapaban las ruinas del Edificio 7, una estructura de 47 pisos que se derrumbó después de las torres gemelas.
Otros edificios contiguos al centro recibieron daños de diversos tipos, desde una capa de polvo sobre las ventanas hasta el desplome de sus paredes interiores.
Horas después del atentado, una vez despejadas algunas calles, los bomberos se introdujeron entre los escombros con palas, hachas, picos y linternas para buscar cadáveres.
Entre las montañas de hormigón, vidrio, acero, muebles de oficina y papel había trozos de cadáveres y también personas que se aferraban a la vida.
Un dirigente sindical expresó el temor de que 300 bomberos entre los primeros en llegar a la escena murieron en los intentos de rescate y que decenas de policías estaban desaparecidos.
NOTICIAS RELACIONADAS
Gases y combustión acabaron con las torres