El informe de la Comisión Nacional sobre Terrorismo, del Congreso, concluía que Estados Unidos no estaba preparado para responder a actos terroristas que produjeran asesinatos masivos, como los que se vivieron recientemente en Nueva York y Washington.

EE.UU. revisa política antiterrorismo: Vulnerables

El ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington confirmó trágicamente las evaluaciones que hizo la Comisión Nacional sobre Terrorismo, del Congreso de Estados Unidos, en marzo de este año, sobre la fragilidad de la política de su país en el combate contra el terrorismo moderno. L. Paul Bremer III* […]

  • El ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington confirmó trágicamente las evaluaciones que hizo la Comisión Nacional sobre Terrorismo, del Congreso de Estados Unidos, en marzo de este año, sobre la fragilidad de la política de su país en el combate contra el terrorismo moderno.

L. Paul Bremer III*

Los ataques terroristas contra los Estados Unidos han cambiado espectacularmente en los últimos años, haciéndose más letales, y, lo que preocupa más, dando sus golpes dentro de las fronteras del país.

Los ejemplos incluyen el atentado con explosivos contra el World Trade Center (WTC) en 1993, los frustrados ataques de 1993 contra los túneles Lincoln y Holland en Nueva York, y el complot para hacer estallar 11 aeronaves norteamericanas en 1995.

Es casi seguro que la multitud que se reunía para celebrar la llegada del milenio era el blanco de los explosivos que se encontraron en un auto en la frontera entre EE.UU. y Canadá, en diciembre de 1999. En efecto, el informe anual del Servicio de Inteligencia de Seguridad canadiense menciona los arrestos en la frontera como un ejemplo de la amenaza de hoy: la “coalición ad hoc de terroristas internacionales” que “han expresado la intención de causar daño a los americanos y a sus aliados”.

En el extranjero, mientras tanto, sólo tres ataques causaron más de 6,000 bajas: los atentados con bombas contra cuarteles en Arabia Saudita en 1996 y contra las embajadas de los EE.UU. en Kenya y Tanzania en 1998.

Si tres ataques con explosivos convencionales pudieron herir o matar a tantos, imaginemos las consecuencias de un ataque en el que se emplee un arma nuclear, biológica o química. ¿Qué sucedería si una descarga de material radioactivo hiciese inhabitable la zona lagunera de Chicago durante 50 años, o si un ataque biológico infectase a los pasajeros en el aeropuerto internacional de Dallas/Fort Worth con una enfermedad contagiosa?

En 1999, el Congreso estableció la Comisión Nacional sobre Terrorismo para evaluar los esfuerzos de los EE.UU. para combatir el terrorismo internacional y recomendar cambios. En un informe publicado el año pasado, la comisión observa que, aunque se están haciendo muchos esfuerzos importantes, es necesario que EE.UU. dé otros pasos para proteger a sus ciudadanos. El siguiente resumen resalta las recomendaciones de la Comisión, así como los sucesos desde que ésta emitió su informe.

INTELIGENCIA

Una de las recomendaciones centrales de la Comisión es que Estados Unidos mejore sus esfuerzos de inteligencia para determinar quiénes son los terroristas y qué están planeando. La inteligencia de alto nivel sobre los terroristas puede convertirse en un asunto de vida o muerte.

LA CIA

La Comisión encontró que los esfuerzos para reunir información sobre planes terroristas y pasarla a los analistas y a los encargados de tomar decisiones en el gobierno federal, son frecuentemente frustrados por obstáculos burocráticos y culturales. Por ejemplo, para reclutar como fuente a un miembro de una organización terrorista, un oficial de la CIA que trabaja en el exterior hace frente a una serie amedrentadora de revisiones a cargo de comités de la oficina central de la agencia. Este prolongado proceso está diseñado para reducir, tan cerca a cero como sea posible, el riesgo de este tipo de reclutamiento. Sin embargo, debido a que este proceso consume tanto tiempo y requiere tanto esfuerzo, es posible que la fuente potencial ya no esté dispuesta a dar la información en el momento en que se da la aprobación, o podría haber ocurrido ya un ataque.

La Comisión recomienda que se anulen estas reglas que se refieren al reclutamiento de espías terroristas, porque el testimonio que escuchó la comisión fue unánime, claro y terminante: las normas son un impedimento para la recopilación eficaz de información. Los oficiales a cargo de casos en el campo manifestaron a la Comisión que ellos no tratan de reclutar a dichos informantes debido al complicado sistema de aprobación que deben seguir.

En lugar de ello buscan blancos que sean más fáciles de reclutar. La Comisión llegó a la conclusión de que los oficiales de campo de la CIA deben tener tanta libertad para usar informantes terroristas como la tienen los fiscales americanos para emplear informantes criminales.

EL FBI

También son necesarios esfuerzos más vigorosos por parte del FBI para la recolección de inteligencia contra los terroristas extranjeros en los EE.UU., y una mejor divulgación de dicha información. El papel del FBI en la inteligencia antiterrorista es cada vez más significativo, y es vital que la agencia emplee el alcance total de su autoridad para recopilar esa información.

Otro problema que afecta las investigaciones del FBI sobre terrorismo es el enfoque cauteloso que generalmente adopta la Oficina de Política y Revisión de Inteligencia (OIPR), dependiente del Departamento de Justicia, cuando revisa las solicitudes para efectuar vigilancia electrónica sobre los blancos del terrorismo internacional.

Los problemas van más allá de la etapa de recolección de información. Después que el FBI reúne información de inteligencia, las deficiencias en tecnología y las prácticas institucionales limitan los esfuerzos por usarla en forma efectiva y hacerla llegar a aquéllos que la necesitan, como los analistas de inteligencia y los que desarrollan la política.

POLÍTICAS CONTRA EL TERRORISM

En el frente político, los Estados Unidos necesitan proseguir los esfuerzos contra el terrorismo dirigidos contra todo aquel que apoye a terroristas, incluyendo a los estados que los auspician, las naciones que se hacen de la vista gorda ante la actividad terrorista, y a personas y organizaciones del sector privado que proveen apoyo material a los grupos terroristas. Por ejemplo, algunos de los países que fomentan el terrorismo, incluyendo a Irán y Siria, están en procesos de cambio interno.

Los Estados Unidos deberían comunicar a los líderes de estos países que espera que haya cambios en su apoyo al terrorismo.

IRÁN

En el caso de Irán, aunque el gobierno norteamericano espera que el presidente Mohammed Khatami pueda establecer razonables reformas económicas y políticas, el país sigue siendo el primer estado del mundo en apoyar el terrorismo. En realidad, desde la elección de Khatami, se ha incrementado el apoyo iraní a los terroristas que se oponen a la paz en el Medio Oriente. Además, existe evidencia de que Irán estuvo implicado en el atentado con explosivos en 1996 contra los cuarteles de Khobar Towers en Arabia Saudita, que causó la muerte de 19 soldados norteamericanos.

A los otros países que el gobierno de EE.UU. identifica como estados auspiciadores

—Cuba, Irak, Libia, Corea del Norte y el Sudán— se les debe hacer entender que EE.UU. continuará con las sanciones hasta que tomen medidas concretas para acabar con todo tipo de apoyo al terrorismo.

Además, se debe señalar al régimen Talibán de Afganistán como un estado auspiciador, porque ha dado un asilo seguro a grupos terroristas y a fugitivos buscados por el gobierno de EE.UU., como Osama Bin Laden.

También existen estados que si bien no apoyan activamente a terroristas, se hacen de la vista gorda ante ellos. El Congreso le ha dado al Presidente el poder para aplicar sanciones a esas naciones, pero hasta ahora esa autoridad no ha sido ejercida en forma efectiva. Son varios los países que pertenecen a esta categoría. Por ejemplo, a veces Pakistán ha sido muy colaborador en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, apoya abiertamente a un grupo, Harakat ul-Mujahidin, que ha asesinado a turistas en Kashmir y amenazado con matar a ciudadanos de los EE.UU. Las sanciones incluyen prohibir las ventas militares a los países que se considera “no cooperan totalmente” con los esfuerzos contra el terrorismo realizados por los EE.UU. La Comisión también recomienda que se amplíen las sanciones para que esos países sean inelegibles para el programa de renuncia de visas.

FONDOS NO ESTATALES

Como los grupos terroristas actuales reciben menos apoyo monetario de los estados, deben buscar conseguir fondos de otras fuentes, como son las organizaciones de fachada, simpatizantes, y organizaciones no gubernamentales. Por consiguiente, se vuelve cada vez más importante romper estas fuentes de financiamiento no estatales.

Aun así, la actual estrategia de EE.UU. contra la recaudación de fondos en favor del terrorismo se concentra únicamente en los juicios por proporcionar apoyo material a ciertas organizaciones terroristas extranjeras (OTE). Aunque es posible que el proceso y la condena tengan éxito, es muy difícil hacerlo bajo la ley que trata las OTE porque el proceso tiene que mostrar exactamente a dónde fue el dinero.

CASO INCONCLUSO

El caso del Centro Comercial Mundial World Trade Center es un ejemplo de este problema. En 1992, Ahmed Mohamed Ajaj ingresó a los Estados Unidos con Ramzi Yousef. Además de varios pasaportes, Ajaj llevaba manuales para la construcción de bombas del tipo usado en el atentado explosivo contra el WTC. Pero casi nueve años después, los cuadernos y manuales, de los cuales páginas específicas fueron remitidas como evidencia durante el juicio del WTC, aún quedan por difundir a la comunidad de inteligencia para su traducción y explotación completa. Esta información podría ser vital para que los analistas pudieran entender las conexiones entre Ajaj y otros terroristas; a otros de su grupo; y sus intenciones, motivos, métodos de operación y blancos. En parte, el problema es que el gobierno de los EE.UU. carece de traductores calificados.

LO IMPENSABLE

De acuerdo con el FBI, durante los cuatro últimos años se han incrementado notoriamente las amenazas que involucran el uso de armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares en Estados Unidos.

Las consecuencias potenciales de un incidente, incluso a pequeña escala, son tan graves, que ciertas debilidades en el enfoque de los EE.UU. sobre el tema deben ser corregidas de inmediato. Con el objetivo general de establecer controles sobre los agentes biológicos, por lo menos tan estrictos como los que se aplican a los materiales nucleares críticos, el gobierno de EE.UU. debe dar tres pasos concretos ahora para reducir el riesgo de que los terroristas obtengan un arma biológica:

— Convertir en delito la posesión no autorizada de los peores agentes biológicos.

— Fortalecer la protección contra el robo de estos agentes.

— Controlar las ventas del equipo que se necesita para convertir los agentes biológicos en armas, como son los fermentadores especializados y equipos aerosoles y de liofilización.

* L Paul Bremer sirvió de presidente de la Comisión Nacional contra el Terrorismo. Es director gerente y consejero principal de Riesgos Políticos y Emergentes en Marsh, Inc. Fue Embajador de EE.UU. en Holanda así como embajador general para el contraterrorismo.  

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