Bernard EstradeAFP
PARIS.- El presidente George W. Bush prometió represalias por el ataque terrorista del martes contra Estados Unidos, que se consideraba este miércoles “en estado de guerra”, pero deberá escoger cuáles represalias y qué persigue realizar.
El drama inimaginable que muy probablemente costó la vida a miles, e incluso a decenas de miles, de personas fue visto en directo en los televisores del mundo entero y exige una respuesta rápida y decisiva.
Pero, a diferencia del ataque japonés de Pearl Harbor en 1941, el enemigo no está identificado y no hay blancos determinados para los misiles y otras bombas inteligentes.
Las precauciones tomadas paralizaron a Estados Unidos, cuyo espacio aéreo fue cerrado, así como Wall Street, primera plaza financiera del mundo occidental.
El enemigo no ha sido identificado, y mientras sea así las amenazas de represalias carecen de sentido, y sólo subrayan la impotencia e incluso el desaliento de la primera potencia mundial para responder al ataque sin precedentes que acaba de sufrir.
La prensa norteamericana, como la de Francia y la del resto del mundo, subrayan que una guerra ha sido desatada, pero, como predecían los especialistas, ella no tiene nada que ver con una guerra tradicional.
Ya no se trata de ejércitos con aviones y tanques que se enfrentan, sino de grupos —de fanáticos o no— al servicio de una ideología y liberados de todas las reglas tradicionales.
Desafían a un Estado y al orden que él representa en un enfrentamiento asimétrico en el que el débil —o el demente, según la terminología de esos especialistas—, tiene una ventaja sobre el fuerte.
Como al día siguiente del atentado de Oklahoma City —cometido por norteamericanos— los fundamentalistas islámicos son mostrados con el dedo.
Los nombres de simpatizantes identificados de Ossama Bin Laden, quien ha consagrado su vida a la destrucción de Estados Unidos, figurarían en las listas de pasajeros de los aviones desviados para ser utilizados en el ataque del martes.
UN ESTADO PODRÍA ESTAR INVOLUCRADO
La mayoría de los especialistas duda que “Al Quada” (La Base), organización con ramificaciones internacionales creada por Bin Laden, tenga la capacidad para organizar sola una operación de tal amplitud y de tal sofisticación.
Aunque las armas —cuchillos— empleadas para apoderarse de los aviones son primitivas, no lo son la preparación de la operación, su logística y sus comunicaciones, y, en consecuencia, debe suponerse la colaboración de servicios secretos de algún Estado.
Y eso, con mayor razón, agregan los especialistas, si se considera que Bin Laden y su organización son observados desde hace años por los servicios secretos del mundo entero, y, sobre todo, por los de Estados Unidos, cuya vigilancia ha sido espoleada después de haber mostrado su incapacidad para prever el atentado contra el “USS Cole” en el puerto de Adén en octubre pasado.