Fabio Robelo Montealegre
Por este medio me dirijo al Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, señor Oliver Garza, para expresarle que con profundo horror hemos conocido las noticias de las infames tragedias cobardemente perpetradas contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono en Washington y los cientos o miles de personas inocentes víctimas en tierra y en el aire.
En nombre de mi familia, el mío propio, y estoy seguro que de todos los nicaragüenses, deseo transmitir la inmensa pena que siento por esta atrocidad en contra del pueblo americano, en contra de la humanidad y en contra de todos los conceptos de libertad y democracia que caracterizan a su gran nación.
Tantos años de exilio dieron origen a un cariño entrañable entre los nicaragüenses y los Estados Unidos. Por eso es que hoy es propia la indignación y propio el dolor ante tanta destrucción, barbarie y desprecio por la vida humana.
Nuestras plegarias estarán con las víctimas y sus familiares para que encuentren consuelo, y con el gobierno para que reestablezca la paz y destruya a los culpables.
Afortunadamente, la nación americana y su gente tienen un espíritu invencible y sabrán, con la ayuda de Dios, vencer la adversidad y hacer prevalecer sus ideales.
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