AFP
DUBAI.- El islamista Ossama Bin Laden, de 44 años, enemigo número uno de Estados Unidos, cuya cabeza tiene precio para Washington por los atentados perpetrados en dos de sus embajadas en África en 1998, prometió en reiteradas ocasiones golpear duramente a Estados Unidos.
Este multimillonario con una empresa de obras públicas —es uno de los 20 hijos del magnate de la construcción saudita Muhammad Bin Laden—, despojado de su nacionalidad saudita, es buscado por la justicia norteamericana por los atentados cometidos en agosto de 1998 en las embajadas estadounidenses de Nairobi (Kenia) y Dar es Salaam (Tanzania), que causaron 224 muertos y miles de heridos.
Estados Unidos ofreció una recompensa de cinco millones de dólares por cualquier información que permita su detención.
El régimen talibán en el poder en Afganistán, donde vive Bin Laden, desmintió este martes cualquier vínculo de Bin Laden con los atentados que golpearon este martes centros neurálgicos de Estados Unidos en Nueva York y Washington.
Bin Laden se esconde en las montañas de Afganistán, bajo protección de los talibanes desde 1996.
“Vuestros hermanos en Palestina los esperan con impaciencia (…) para matar a Estados Unidos e Israel”, había lanzado a fines de junio Bin Laden a los combatientes de su movimiento Al Qaeda (la base, en árabe), Afganistán.
Se estima que su organización, fundada en 1989, cuenta con entre 3,000 y 5,000 voluntarios árabes y es financiada directamente por los millones de Bin Landen.
Bin Laden, que pasó sus años jóvenes en las filas de los resistentes afganos luchando con ayuda de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) contra el enemigo soviético, se convirtió en la bestia negra de los servicios de inteligencia occidentales.
En 1998, en una entrevista al canal ABC dijo que “odia” a Estados Unidos porque mantiene a los “regímenes pro-occidentales” del Medio Oriente.
Además, Estados Unidos también sospecha que fue él quien ordenó el ataque con explosivos contra el destructor norteamericano “USS Cole” en el puerto de Aden (Yemen), que el 12 de octubre pasado causó la muerte a 17 militares estadounidenses.
“Agradecemos a Alá por habernos llevado a la victoria, el día que destruimos el Cole en el mar”, gritaban combatientes de su movimiento Al Qaeda, también citados en junio por un diario kuwaití, Al Raí Al Am.