- Si la batalla legal de las víctimas del Nemagón hoy es una realidad, es porque un día Victorino Espinales Reyes juró que no descansaría hasta hacer justicia a los miles de afectados por este veneno, incluido él, que trabajó por más de 10 años en las plantaciones
- Tres meses antes de que la Asamblea Nacional aprobara la Ley 364, los ex obreros del banano marcharon a Managua e instalaron un plantón para presionar a los diputados
Janelys Carrillo Barrios [email protected]
En 1971, Victorino Espinales Reyes tenía 20 años. Era miembro del Frente Sandinista y fue designado por esa organización para hacer trabajo político clandestino en las fincas bananeras María Elsa, Elisa y Alfonso Angelina.
Siendo secretario del sindicato de las bananeras, durante el día chapodaba, cargaba, cortaba banano y regaba los plantíos. Así llegó a dominar todo el trajín de las bananeras, incluyendo el método de aplicación del DBCP.
Asegura que el veneno para matar el gusano se aplicaba después de las siete de la noche porque era necesario tener temperaturas de entre 27 y 30 grados centígrados, y los vientos no podían estar más allá de los 17 a 20 kilómetros. Si había demasiado calor y el viento soplaba muy fuerte el Nemagón se disolvía en el ambiente o era arrastrado lejos.
En la noche el regador estaba expuesto directamente a la sustancia, y en el día el personal la percibía porque los trabajadores iniciaban labores desde las cuatro de la mañana.
“El obrero que entraba al campo cortaba la banana cuando la hoja todavía estaba chorreando agua y veneno, y las gotas le mojaban el cuerpo. La banana llegaba a las empacadoras donde las mujeres comenzaban a revolver el agua de las pilas (para lavar la fruta) y se pringaban todas”, asegura Espinales.
Tras la salida del país de la Standard Fruit Company, en 1979, sindicalistas encabezados por Espinales hicieron una investigación sobre la situación de los obreros. Determinaron que el estado de nutrición y la recurrencia de un sinnúmero de enfermedades tales como infección en la piel, en la vagina, problemas de la vista, ardor en los ojos, depresión y agotamiento físico eran comunes entre hombres y mujeres que trabajaron en las bananeras donde se fumigaba con Nemagón.
En 1985, Espinales alcanzó una diputación y la Presidencia de la Comisión del Medio Ambiente en el Parlamento. Sindicalistas costarricenses y colombianos le informaron que el pesticida que se había aplicado en el área en los 70 estaba causando muertes.
Sobre esa base, asegura que quiso movilizar a su partido para ver cómo ayudaban a los afectados por el Nemagón, pero “sólo encontré oportunismo”.
A su juicio, los falsos líderes le jugaron sucio a 812 trabajadores, porque presentaron una demanda en Estados Unidos que terminó en un arreglo “por debajo de la mesa”.
En junio de 1997, la Dow entregó 22 millones de dólares. De los 812 demandantes, unos 650 recibieron 100 dólares, el resto entre 350 y 550 dólares y unas 16 personas 1,700 dólares y más.