- Como “La última Cena” de Leonardo Da Vinci
Edgard Tijerino M. [email protected]
En 1998, cuando era un veterano salido de un escalofriante naufragio después de haber atravesado por un largo y forzado retiro, el ex-astro de pitcheo de la Selección de Cuba, Orlando “Duque” Hernández, cobijado por el estatus de novato por estar debutando como Big Leaguer, le ganó un impresionante brazo a brazo a Pedro Martínez por 3-0 en el Yanqui Stadium.
Fue algo así como ver a un “doberman” mostrando su afilada dentadura mientras gruñía consistentemente… “Vamos a tener varios enfrentamientos”, dijo Pedro en el vestidor de Boston, evidentemente molesto.
Ocurrió un 14 de septiembre, y, días después, Hernández comenzó a tejer su leyenda como pitcher invencible en la Postemporada… Su balance de 8-1 en juegos de Play Off y Serie Mundial, indican el nivel de su utilidad, en el momento en que el telón comienza a descender sobre el escenario.
El cubano había estado entre escombros durante esta temporada del 2001, y hasta hace un par de semanas, parecía descartado como algo útil para los Yanquis… En la mayoría de sus aperturas fue bombardeado implacablemente, y su regreso de la lista de inhabilitados, sólo hizo crecer la frustración.
¿Qué se hizo aquel Duque?, tituló Joel Sherman una de sus notas en el New York Post, y advirtió con una solemnidad conmovedora: sería mejor que nos olvidáramos de él.
Pero, el pitcher sin edad, no se rindió… Aferrándose con desesperación a una esperanza, como debe haberlo hecho mientras sobrevivía a un naufragio fantasioso, difícilmente creíble para algunos, durante sus dos últimas faenas, “El Duque” ha dado la impresión de estar saliendo del ataúd como el Conde Drácula, lo suficientemente revitalizado para asestar mordiscos, justamente cuando los Yanquis más lo necesitan.
Enfrentando el sábado 1 de septiembre a Pedro Martínez, que no tuvo nada que ver en la decisión trabajando para 6 ceros, “El Duque” se apuntó una llamativa y significativa victoria por 2-1… Fue su primera de la temporada después de 6 derrotas y una catastrófica efectividad.
Los Yanquis que habían ganado 3-1 el viernes con Clemens, continuaron doblándole los bates a los artilleros de Boston el sábado apoyándose en el pitcheo restaurado del “Duque”, y aseguraron la barrida el domingo 3, con la inspiración de Mussina, 1-0.
Esa fue una alentadora señal, pero se necesitaba otra prueba lo más pronto posible y la oportunidad se presentó el viernes 7, con Hernández enfrentando otra vez a Pedro… Boston lo madrugó con dos carreras en el propio primer inning, pero eso fue todo. Los Yanquis reaccionaron fabricándole tres a Pedro en el segundo, y eso fue suficiente estímulo para el crecimiento del Duque que tomó del cuello a los bateadores de Boston, los amarró a la silla del caballo y cabalgó hacia una victoria de 3-2, cediendo sólo 4 hits en 7 entradas.
Joe Torre frotó sus manos y sonrió… Había obtenido un certificado de la resurrección de Hernández, justo en las puertas de los Play Offs, cuando es más difícil descifrar.
¿Podrá disponer Torre del tipo de pitcheo autoritario que lo ha sacado a flote en la Postemporada?… Es decir, una rotación con Clemens al frente, seguido de Mussina, Pettitte y “El Duque”… Si eso funciona, puede que la dinastía continúe, y el factor clave parece ser Hernández, convenientemente restaurado, como “La última cena” de Da Vinci.