Aldo Rojas*
I parte.- El uso de los cultivos transgénicos en la agricultura ha despertado un gran debate, en el ámbito internacional desde hace algunos años, y en años recientes en nuestro país. Lamentablemente el debate en nuestro país está siendo conducido desde la óptica estrictamente negativa, sin pensar en las oportunidades que estos cultivos pueden brindar a una población necesitada de alimentos, y por otro lado, con una base científica muy pobre para soportar los argumentos esgrimidos, prácticamente estamos haciendo eco de los clamores de grupos radicales que protegen sus intereses amparados en la protección de un medioambiente el cual consideran de su propiedad y para su bienestar, mientras millones de personas desaparecen de ese ambiente como una especie más, pero por falta de alimentos y no por consumir un alimento que proviene de un cultivo transgénico, hasta ahora nadie puede probar que alguien haya muerto por el consumo de estos alimentos.
Los titulares en los periódicos europeos presentan “¿Está usted comiendo alimentos Frankenstein?”, “Los alimentos genéticamente modificados recogen una cosecha de temor” y “¡Cuidado con la contaminación genética!”. ¿Por qué nosotros no estamos tomando titulares como “Arroz genéticamente modificado puede salvar millones de niños de la ceguera”, “Patatas dulces genéticamente modificadas salvan los cultivos del Este de África de virus y plagas”, “Producción de vacunas en cultivos genéticamente modificados”?.
La gente bien alimentada en el mundo desarrollado puede tener problemas, pero las personas hambrientas del mundo en desarrollo tienen solamente uno, cómo alimentarse ellas mismas y sus familias. La gente bien alimentada puede ocuparse en prolongados debates acerca de riesgos reales e imaginarios debidos al uso de cultivos genéticamente modificados. La gente hambrienta ve los cultivos producidos por la biotecnología como alimentos. Está suficientemente claro que si los gobiernos detienen el crecimiento de esta tecnología, los países pobres serán privados de una importante solución a la carencia de seguridad alimentaria.
Los humanos han estado interfiriendo con la naturaleza desde tiempos inmemorables. Un chihuahua difícilmente sería relacionado con los lobos de los cuales los perros fueron derivados. El maíz no sería reconocido por los antiguos mexicanos quienes empezaron su mejoramiento a partir de su progenitor silvestre, teocinte, hace unos 7,500 años atrás. Y el trigo probablemente no sería aprobado por las autoridades regulatorias de la seguridad alimentaria si éste fuera registrado actualmente, debido al número de personas que son alérgicas a éste.
Los programas de mejoramiento que nos han dado casi todos los alimentos que comemos tienen inherentemente aciertos y fallos relacionados. Los mejoradores toman dos diferentes variedades de una planta, la cual tiene características atractivas individuales: una puede tener un alto rendimiento y la otra puede ser resistente a una plaga de insectos. Ellos cruzan por polinización esas dos variedades, obtienen semillas y las plantan. Las plantas que crecen serán una mezcla completa y aleatoria de plantas que tienen altos rendimientos y resistencia a insectos. Desafortunadamente, debido a la aleatorización del proceso, algunas de estas plantas podrían llegar a ser sensitivas a un virus y serán descartadas, y otras seleccionadas. Este es un proceso muy inexacto y consume mucho tiempo. Sin embargo, este proceso trabaja en el tiempo —como testimonio tenemos la abundancia de cultivos que han sido desarrollados en los cientos de años pasados—.
La ingeniería genética puede ser usada para acelerar estos procesos. Ésta nunca reemplazará al mejoramiento, en efectio los ingenieros genéticos dependen profundamente de los mejoradores de plantas para asegurar que algún gen introducido opere en conjunto con los otros genes de la planta. Lo que la ingeniería genética de plantas permite a los científicos hacer es tomar un gen de algún ser viviente e introducirlo dentro de otra planta. La planta transformada resultante, o transgénica, es denominada como una planta genéticamente modificada.
Los genes que son introducidos son caracterizados en forma muy cuidadosa y las secuencias completas del ADN han sido determinadas. Por lo tanto, esta parte del proceso es, clasificado en forma distinta al mejoramiento de plantas clásico, siendo extremadamente preciso.
Lo que es no preciso es el lugar donde el gen es introducido dentro de la planta. Aunque los científicos están trabajando en mejorar este aspecto, al presente los genes son insertados dentro del ADN de la planta en una forma aleatoria. Por lo tanto, una vez que los genes han sido introducidos, un trabajo de gran detalle es requerido para asegurar que los genes insertados y los propios de las plantas trabajen en forma conjunta y armoniosa.
Los críticos de plantas genéticamente modificadas a menudo citan que esta forma de inserción aleatoria ha sido totalmente inaceptada. Sin embargo, ellos omiten explicar que en la naturaleza los genes saltan todos de un lugar u otro en los organismos vivos, y en cualquier dirección. En realidad, algunas de las plantas en su jardín, especialmente las de hojas coloreadas, pueden bien ser el resultado de estos “genes saltantes”.
Es totalmente claro que el uso de cultivos genéticamente modificados no es la única solución para la alimentación en áreas donde el hambre golpea a las poblaciones, como las del Sahara, África y América Central. Ciertamente, hay bastante alimento producido en el mundo para alimentar a cada uno. El problema es cómo obtener éste para la gente que lo necesita. Obviamente, necesitamos detener las guerras, eliminar la corrupción, para que las ayudas de alimentos vayan directo a la gente, construyendo carreteras y ferrocarriles para transportar los alimentos. Pero ¿cuán largo será esta opción? ¿Cuánto dinero se necesita para transportar estos alimentos hasta la gente hambrienta?
* Docente investigador de la UNA
II parte
Otro aspecto interesante que debemos tomar en cuenta es que si bien es cierto esta tecnología ha sido muy criticada y extremadamente estudiada, ninguna otra tecnología en el campo de la agricultura ha sido tan fácilmente adoptada y a ritmos de crecimiento impresionantes. En 1996 se sembraron en el mundo 1.7 millones de hectáreas y en 1999 estas áreas crecieron hasta 48.4 millones de hectáreas, en la actualidad estas áreas son mayores y van a seguir creciendo en el futuro. Veamos por ejemplo, China tiene más del 20% de la población mundial y solamente el 7% de la tierra arable del mundo. Con esta creciente población, y cambiantes hábitos alimenticios, la seguridad alimentaria es una preocupación eminente. China primero se orientó hacia la Biotecnología a mediados de 1980. Cientos de laboratorios a través del país han sido involucrados en los esfuerzos de investigación. La mitad de un millón de hectáreas de cultivos transgénicos han sido plantadas, haciendo de China uno de los países líderes mundiales en el crecimiento con cultivos transgénicos. Mientras que muchos países vacilan, China se está moviendo hacia delante.
Con todo y esta realidad nunca debemos descuidar los impactos en el ambiente de ésta y cualquier otra tecnología, los impactos en el ambiente deben ser también controlados. Por ejemplo, ¿pueden los insectos ser eliminados por los cultivos resistentes a insectos?. Hubo una protesta en los medios americanos cuando un estudio mostró que polen procedente de maíz resistente a insectos pudo haber causado la muerte de larvas de la mariposa Monarca.
“Polen GM que puede significar una nube de muerte para las mariposas”. Lo que no revelaron fue que en el estudio de laboratorio las larvas de mariposa fueron forzadas a alimentarse con hojas cubiertas con polen.
La prensa omitió comentar que subsecuentemente 20 o más experimentos de campo han mostrado que no solamente no hubo efecto en las larvas de la mariposa Monarca, pues las larvas en forma preferencial escogen no comer hojas que contengan polen, tanto genéticamente modificadas o no. De hecho, desde la difundida aceptación de los cultivos GM para resistencia a insectos en USA, las poblaciones de la mariposa Monarca han incrementado, probablemente debido a la disminución en el uso de insecticidas.
Por otro lado, se hace la acusación de que los agricultores no pueden plantar semillas derivadas de cultivos genéticamente modificados. Ésta es la así llamada “Tecnología Terminator”, por la cual las plantas genéticamente modificadas son estériles, forzando a los agricultores a comprar semillas en cada ciclo de siembra. El hecho es que agricultores comerciales y aún muchos de pequeña escala compran semilla, semilla convencional para cada siembra. Sin embargo, la tecnología fue presentada como potencial y extremadamente dañina, y ésta ha sido, por lo tanto, retirada. Pero, los lectores deben tener en mente que para una compañía de semillas proteger la investigación invertida en su producto, no es diferente a una compañía que protege su software o en una compañía de grabación que protege sus discos compactos.
Críticas de cultivos genéticamente modificados a menudo citan el hecho que la tecnología está toda en manos de grandes compañías quienes solamente se escudan en las necesidades de los países en desarrollo. En África del Sur, el sector público y privado han reunido esfuerzos en tratar de resolver uno de los problemas centrales del subcontinente –la carencia de agua-. La investigación sobre cultivos tolerantes a la sequía está logrando tremendo progreso con la promesa de mejorar la producción de los cultivos. Lo mismo en Kenya, asociaciones similares están abordando conjuntamente la resistencia a virus en patatas dulces.
Aunque está claro el gran potencial de los cultivos genéticamente modificados, no podemos aceptar una aprobación en blanco para tales cultivos en todas las regiones geográficas y particularmente nuestro país.
Éstos deben ser probados particularmente, caso por caso, y sujeto a una rigurosa evaluación riesgo-beneficio. En adición, los alimentos derivados de estos cultivos deben también ser cuidadosamente probados, tanto en términos de seguridad en corto y largo plazo. Recordemos que no hay tal cosa como alimento seguro, es solamente la seguridad de usar el alimento.
Dadas las realidades socioeconómicas y necesidades en países tales como África del Sur, Kenya y China, es casi irrelevante preguntar si deben usar una tecnología cuyos beneficios ya han sido demostrados a sus pobladores. Estos pueblos no pueden proporcionar un límite para sí mismos a la estrecha interpretación de las evaluaciones de riesgo del mundo desarrollado.
Igualmente, no podrán dar a permitir al Debate Occidental para reducir su acceso a beneficios existentes y esperados en el futuro de la Biotecnología. Debido a que Europa tiene suficiente alimento y no quieren alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados ¿debemos nosotros permitirles que nos dicten lo que es mejor para nosotros y otros en el mundo en desarrollo?
En un país como Nicaragua, en donde a menudo se carece de alimentos suficientes para subsistir y donde los precios de éstos afectan directamente los ingresos de una gran parte de la población la cual además subsiste con elevados índices de desnutrición, no es fácil ignorar el potencial que tienen estos cultivos para aumentar la productividad y contribuir a aliviar la desnutrición.
Finalmente debemos estar claros que si bien es cierto los posibles beneficios de estos cultivos son desproporcionadamente grandes, también lo son sus posibles costos sobre todo si no somos capaces de realizar un estudio caso por caso de cualquier evento que se quiera introducir al país. En este sentido debemos crear las capacidades científicas para evaluar la inocuidad, la capacidad económica para evaluar su valor, la capacidad para implementar normas que rijan su distribución y uso sin riesgos y crear un sistema jurídico adecuado para imponer sanciones y castigar las transgresiones de la ley. En mi opinión existen ya algunas capacidades dispersas en el país que juntándolas pueden, desde una óptica responsable y basados en el análisis científico de cada evento, contribuir enormemente a disminuir los riesgos reales.
Ya se han dado los primeros pasos en este sentido y esperamos seguir avanzando en el futuro inmediato.
* Coordinador Programa Biología Molecular-UNA.