Los políticos y las promesas

Simón Moraga CaleroPresidente JuntaDirectiva de COVILACO R.L. Los políticos de nuestra época padecen del mismo mal todos ellos, cuando se trata de campañas prometen hasta más no poder y una vez que obtienen sus objetivos se olvidan de sus promesas y comienzan a hacer un análisis errado en un afán de sentirse bien con sus […]

Simón Moraga CaleroPresidente JuntaDirectiva de COVILACO R.L.

Los políticos de nuestra época padecen del mismo mal todos ellos, cuando se trata de campañas prometen hasta más no poder y una vez que obtienen sus objetivos se olvidan de sus promesas y comienzan a hacer un análisis errado en un afán de sentirse bien con sus conciencias, sofismas que con argumento de politiquería tratan de apoyar una tesis que primeramente apoye sus intereses y luego a otros sectores, y si dentro de esos sectores está la clase más humilde, qué bien, sino lo siento mucho.

Así que nuestros políticos son expertos en el arte del güegüense, arte que para desdicha se les revierte, pues el pueblo al fin y al cabo los conoce, y ante las marrulladas de los políticos sabe cobrarles las facturas, por eso es que muchos de ellos pasan rápidamente al olvido, son homenajeados, bien recibidos adonde quieran que llegan, con pleitesías y reverencias y lo gracioso es que se las creen, pero al final de cuentas terminan sus períodos y el pueblo no quieren saber más de ellos y pasan a la interminable lista del olvido.

Sería hasta cierto punto de ayudar con un estudio de retroalimentación a nuestros diputados, ministros, viceministros y directores de entes autónomos, que en la actualidad tienen cuotas de poder, les parece que la fuente de poder emana de ellos mismos y no del pueblo, muchos que cometieron esa torpeza se lamentan de no haber aprovechado esa oportunidad para el bien de la sociedad, de sus subordinados y de sus familias, pues se llenaron de orgullo y prepotencia.

Los nicaragüenses debemos buscar dirigentes idóneos que sean realistas, y con conocimientos actuales, que sean personas capaces de hacer desaparecer el odio, la envidia, la revancha y hagan del gobierno un crisol de ideas fulgurantes, además de intelectos conocedores de nuestras riquezas y de nuestras pobrezas, que sean visitadores del terreno que gobiernan y trabajadores sin horarios.

Sin más que agregar, me despido de usted con mis más sinceras muestras de estima y consideración.  

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