- Pocos días después de haber entrado a territorio hondureño, desde Nicaragua, el grupo de más de 100 guerrilleros se aproximó a su fin, debido al hambre, las deserciones, la falta de apoyo campesino y probables infiltrados
Roberto Fonseca L. [email protected]
IV y última entrega.- En agosto comenzó a desmoronarse la columna guerrillera de las “Fuerzas Armadas del Pueblo”, que partió del territorio nicaragüense en julio de 1983, en saludo al IV Aniversario de la Revolución Sandinista, y que se internó en suelo hondureño con la misión de emprender acciones de sabotaje y una guerra de liberación nacional.
“El amanecer del día 1º de agosto fue premonitorio de un día fatídico”, escribió el Dr. José María Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, líder político-militar de la intentona guerrillera.
“Miguel, Mairena y Renecito, habían desaparecido, y al buscarlos no quedaban dudas de que habían escapado en masa. Pero esta vez llevándose todo su equipo para evitar, con toda la mala intención, ser perseguidos”, añadió Reyes Matta, quien caminaba escoltado por David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde y Oficial de Inteligencia del EPS, bajo el seudónimo de “Comandante Adolfo” o “Comandante Rodolfo”.
Al líder guerrillero hondureño, a quien consideraban el “Carlos Fonseca” de ese país, le golpeó sobre todo la deserción de Miguel, ya que tenían años de conocerse y de militar en las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC-H) y ahora en las FAP.
“Miguel había sido amonestado y sancionado por casi un año en Isla de Pinos (Cuba), por descomposición y cobardía política. Su buen comportamiento y recuperación, más las presiones de los aliados estratégicos (Cuba y Nicaragua), hicieron que nuestra voluntad política permitiera su incorporación a la columna estratégica”, relató en su Diario de guerrilla.
“En la campaña de fogueo como en la marcha y hasta el último momento su actitud fue ejemplar, por tal motivo y consideración a su edad lo había escogido como hombre de aseguramiento personal. Debo confesar que su deserción fue para mí una sorpresa desagradable con cierto sentido de traición a la confianza que le había depositado”, añadió.
FUSILAN A SOSPECHOSO
En el Telegrama desclasificado 09347, suscrito por el Attache de Defensa de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa y dirigido a sus superiores en Washington, se formuló un resumen del testimonio brindado por dos desertores de la columna de las FAP (“Santos Francisco” y Ramón Arturo”) a las autoridades hondureñas.
Al indagar sobre los motivos de su deserción, el 10 de agosto, ambos señalaron las mismas razones: el incumplimiento de la promesa de enviarles dinero a sus familias, la falta de apoyo por parte del campesinado, y la ejecución de un guerrillero. Sobre esto último, dijeron: “Fue un shock muy fuerte”.
El fusilamiento, según el propio Diario del “Comandante Pablo Mendoza”, se llevó a cabo el 2 de agosto de 1983. La víctima fue un guerrillero con el seudónimo de “El Paisa Ortiz”, acusado de instigar las deserciones y de pretender acabar con la vida del jefe de la columna guerrillera.
“Me reuní con todos los jefes y se les informó de la grave situación, la formación del tribunal militar fue unánime en aplicación de nuestros estatutos y reglamentos. Se celebró el juicio y la decisión del tribunal fue de ajusticiamiento para el traidor Juan Ortiz (El Paisa), el cual se ejecutó frente a la tropa, cumpliendo con todos los rigores del procedimiento reglamentario”, escribió en el diario.
Otro de los jefes guerrilleros, el del segundo pelotón, “Comandante Serapio Romero”, también reflejó este incidente en su diario de combate. “Se comprueba que ‘Paisa’ era el promotor de esto (deserciones), promoviendo el descontento en la tropa, aprovechando la falta de alimentación e incitándolos a desertarse para luchar ellos por su cuenta”, relató.
“Se captura a ‘Paisa’, se forma un tribunal militar para ajusticiarlo, encargándose de esto Vela y Alejandro, de preparar un informe… Toda la compañía presenció el fusilamiento, se formó una escuadra de 7 compañeros, las voces de mando las dio el compañero Carlos Meza. Hago notar que los compañeros que formaron esta escuadra todos tenían debilidades políticas. El ajusticiamiento se llevó a cabo a eso de las 11:00 horas”, añadió.
Para ese entonces, 2 de agosto de 1983, llevan seis días sometidos al hambre, comiendo palmitos, monos o pavas y habían desertado seis guerrilleros. Además, habían perdido cuatro fusiles M-16, siete granadas de mano y aproximadamente 1,500 proyectiles. La situación era crítica.
DE TRIPAS, CORAZON
El día 3 de agosto, a las 9:30 horas, “se celebra una reunión con los jefes de pelotón, el Comandante Pablo (Mendoza) y Gregorio, ‘El Nica’”, según el diario del “Comandante Serapio Romero”, jefe del segundo pelotón.
“Hicimos una reunión de análisis detenido sobre la situación, descartando por completo la posibilidad de regresar, sino más bien de continuar a la profundidad”, escribió. Por tanto, se decide que el pelotón de Serapio (Romero), que abriría el “Frente Oriental”, saliera de inmediato a la zona donde operaría, el área de Sierra Agalta. Y también se decidió organizar un nuevo pelotón (el cuarto) móvil, al mando del “Comandante Ricardo”.
“Sería el pelotón móvil que jugaría un papel fundamental en la Costa Norte, como son voladuras de puentes estratégicos para el enemigo, asalto y aniquilamiento a pequeñas guarniciones o unidades, así como hostigamientos al enemigo en marcha por carreteras”, añadió.
“Como decía el Cro. Pablo, el pelotón móvil, es lo mejor de lo mejor. Se formó con una cantidad de 15 compañeros”, agregó en el texto.
En el Telegrama dirigido al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, vía Tegucigalpa, se corrobora la existencia de este cuarto pelotón y —paradójicamente— hasta su composición. Según éste, además del “Comandante Ricardo”, los miembros de la jefatura eran: “Capitán Rigoberto López Pérez”, asistente del jefe de pelotón; “Capitán Alejandro Armas”, político del pelotón; “Capitán Ramón Amaya” y “Subcapitán Alberti”.
En tanto, el segundo pelotón del “Comandante Serapio”, abandona el campamento base —denominado “Congolón”— el 4 de agosto de 1983, al sexto día de no ingerir alimentos, con la intención de avanzar hacia Palestina, para incorporar a nuevos reclutas que venían de la ciudad y trasladar alimentos de regreso, para que la tropa se alimentara.
A esta tropa se supone que se integraría el “Comandante Pablo Mendoza” y el misterioso “Gregorio, el Nica”, sin embargo de última hora, el líder máximo informó que se quedaría en el campamento base.
“En ese momento —4 de agosto— el Cdte. Pablo Mendoza me manifiesta que no va a poder salir con nosotros porque tiene que comunicarse con Managua; desde que llegamos el 26 de julio lo primero que hicieron fue trabajar con el Yaetsu (radio portátil), habiendo un compañero (Concepción) que monitoreaba al mediodía, el Cro. Gregorio y Pablo, estaban pendientes a las 16:00 horas, y supuestamente hablan hacia Nicaragua”, relató el “Comandante Serapio” en su texto.
Salieron finalmente el 4 de agosto de 1983, rumbo a la zona de Palestina, a eso de las 10:00 horas, sin alimentos, esperanzados de encontrar comida en el camino.
ABANDONAN CAMPAMENTO
Llegó el día catorce de no ingerir alimentos, y, desesperados por la falta de noticias sobre la misión encomendada a “Serapio Romero”, el líder de la columna guerrillera decide abandonar el campamento del “Congolón” y avanzar en dirección a Palestina, en busca de una zona donde alimentarse. Estaban extenuados físicamente.
“De Justo y Serapio, ni señales”, escribió el “Comandante Pablo Mendoza”, quien sufría de fuertes dolores. “Dispusimos abandonar el ‘Congolón’ el mismo día, pero teníamos que aminorar la carga, por lo que nos vimos obligados a embuzonar cerca de 25,000 proyectiles”.
Salieron el 10 de agosto de 1983, a las 7:00 horas. “Antes reuní a toda la tropa para advertirlos del sacrificio que conllevaría aquella marcha forzada y de los peligros de enfrentamientos con el enemigo. Catorce días sin alimentos”, añadió.
Avanzaban lentamente, engañando el estómago con palmiche y pavana.
MUERE POLITICO DE LA COLUMNA
Cinco días después, a los 19 días de no comer, mientras acampaban para descansar, llegó el aviso de que necesitaban con urgencia al médico de la columna, para atender al “Capitán Vela”, el político de la columna.
“La inanición prolongada y el agotamiento físico lo habían postrado, el médico acudió rápidamente y se hizo de los medicamentos dentro de nuestras posibilidades para auxiliar al compañero. Al llegar a la quebrada el médico, Vela ya había perdido la conciencia y apenas lograba hacer pequeños movimientos musculares”, escribió el líder guerrillero en su diario.
“A las 11:32 p.m., del día 15 de agosto, el compañero Vela había muerto. La noticia me hizo temblar, a pesar de todo no esperaba este desenlace. El golpe fue rudo y sensible, me parecía mentira, tuve que hacer un esfuerzo para reponerme a mí mismo. Llamé a Orestes, su más antiguo compañero desde las famosas escuelas radiofónicas, y le indiqué que preparara un pequeño acto político antes de continuar la marcha que no podría detenerse”, añadió.
En su opinión, plasmada en el diario guerrillero, el “Capitán Vela” fue un destacado político de compañía.
CONEXION NICARAGUA
Según fuentes de Inteligencia Militar, que pidieron no ser identificadas, la columna se entrenó en un lugar montañoso cerca de Diriamba, se foguearon en combates sostenidos contra tropas de la Contra en el sector de Jalapa. El “Comandante Pablo Mendoza” vivía en Managua y se movilizaba en un carrito Toyota, amarillo, y Solka proveyó los medicamentos y vitaminas. Los embutidos ahumados supuestamente los compraron en Delmor, y el enlace con Inteligencia del EPS (Julio Ramos) era el oficial “Aníbal”.
EJERITO SE ENSAÑO CON LOS PRISIONEROS
– El pelotón del “Comandante Serapio Romero”, según su diario de la guerrilla, se vio obligado a dividirse prácticamente en tres partes, y en esas circunstancias sostuvieron combates y escaramuzas con el Ejército hondureño, el primero de ellos el 7 de septiembre de 1983.
– Sostiene que dos guerrilleros se perdieron y llegaron a parar al caserío de Capapán, donde les ofrecieron alimentos y decidieron quedarse a dormir. Los pobladores avisaron al Ejército y llegaron las tropas. Mataron a uno y capturaron herido al otro. Se lo llevaron en helicóptero a El Aguacate.
– Otro guerrillero, sin identificar, dice que fue muerto por delación de los campesinos, mientras otro fue capturado vivo por pobladores y entregado a las autoridades. Lo llegaron a recoger en un helicóptero militar, desde donde supuestamente lo arrojaron vivo.
– El “Comandante Serapio Romero” junto a “Iván” hicieron contacto infructuoso con organizaciones estudiantiles para trasladarse a Tegucigalpa. Finalmente, desesperados, entraron a territorio nicaragüense por un punto ciego cerca del puesto fronterizo de Las Manos. Llegaron ilesos, a las 6:30 a.m., del primero de diciembre de 1983.