Fotografía aérea del Río Coco, frontera natural entre Nicaragua y Honduras. Nótese las montañas escarpadas, la geografía hostil. LA PRENSA/ARCHIVO.

El itinerario angustiante del grupo guerrillero

En el “Diario de guerrilla” del “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. José María Reyes Matta, se confirman las enormes viscitudes que padecieron desde el primer día Roberto Fonseca [email protected] Las tropas hondureñas incautaron el “Diario de guerrilla” del Dr. José María Reyes Ma-tta, mejor conocido como “Comandante Pablo Mendoza”, jefe de la compañía guerrillera de […]

  • En el “Diario de guerrilla” del “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. José María Reyes Matta, se confirman las enormes viscitudes que padecieron desde el primer día

Roberto Fonseca [email protected]

Las tropas hondureñas incautaron el “Diario de guerrilla” del Dr. José María Reyes Ma-tta, mejor conocido como “Comandante Pablo Mendoza”, jefe de la compañía guerrillera de las “Fuerzas Armadas del Pueblo”, fogueadas y armadas en Nicaragua con el propósito de llevar la Revolución a Honduras.

Este diario, traducido luego por los oficiales norteamericanos acantonados en Honduras, en 1983, pasó a Inteligencia de Defensa de Estados Unidos, y ahora es un documento desclasificado.

A continuación extractos del mismo.

“Por fin llegó el día, y después de un primer intento fallido, logramos llegar al campamento; me acompañaban Mario, Daniel y Pacheco, que se había rezagado por una lesión en el pie.

El ánimo de la gente era inmejorable, la moral combativa se observaba muy elevada a pesar del fango y la lluvia que no cesaban un solo instante.

Ese día, 15 de julio, hice además los primeros preparativos para que la gente de Serapio cruzara el río; al día siguiente se ultimaron detalles y el Comandante Serapio salió a las 4 p.m., después que toda su tropa comió su última comida caliente, como queriéndole arrebatar a las circunstancias un último momento de confort…

Antes de partir expliqué a todos que nuestro movimiento no debía ser advertido por el enemigo, que el sigilo, la precaución, el silencio y la iniciativa, serían nuestras principales armas para coronar nuestro objetivo. La misión era difícil, pero no imposible. A nadie se le podría ocurrir hacer ese corredor rodeado de tanta tropa enemiga.

El cruce se planificó de noche, pero la lluvia pertinaz hizo crecer el río a niveles sumamente peligrosos… La lentitud de la marcha nocturna, la lluvia, el lodo y el exceso de peso en las mochilas añadieron aún mayores dificultades para el cruce, no permitiéndole a Serapio cruzar hasta el borde, al mediodía, sin pérdidas humanas ni materiales. La balsa se comportó como un verdadero “Gramma” como la bautizara Mario.

Con la intención de superar las dificultades sufridas por Serapio, decidí que la gente del Comandante Zapata, a la cual me incorporé, saliera más temprano, y así emprendimos la marcha a la 1:00 p.m. del día 18 de julio, no sin antes mandar una punta de vanguardia al mando de Fidel, para que coronara el firme de la montaña en donde acamparíamos al otro lado.

Ya oscureciendo, llegamos a la ribera del río, que aparecía más retador y amenazador que nunca…

La consigna era celebrar el 19 de julio al otro lado y así fue”.

JORNADA AGOTADORA

“Este camino une a Yomali, con El Chilamate, en donde existen sendos campamentos contrarrevolucionarios. Más tarde como a las 3 p.m. pasó una escuadra de nueve soldados, presumiblemente del Ejército hondureño por sus uniformes y armamentos (verde olivo y Fal).

Fácil hubiese sido aniquilarlos dada nuestra posición ventajosa, pero nuestro objetivo no era ése por el momento. Este movimiento expedito y confiado del enemigo, nos afirmó aún más que estaban ajenos de nuestra presencia.

A esa altura de la marcha ya empezaban a dejarse cosas, y esto me alarmó en extremo. El peso per-cápita era por arriba de las 60 libras, haciendo un cálculo conservador, y algunos combatientes a pesar de su origen campesino empezaron a dar muestras de incapacidad para continuar con aquella semejante carga.

La consigna era no dejar ni un alfiler; ya para ese entonces, Mario no podía llevar incluso su fusil, y yo que estaba totalmente fuera de entrenamiento, tuve que dejar en calidad de carga mi mochila hasta recuperarme”.

CONTACTOS CASUALES CON LA CONTRA

“A un par de kilómetros del punto “A” fui informado de que un jefe de escuadra, el compañero Héctor Ávila, había trabado contacto con el enemigo, específicamente con un contrarrevolucionario vestido de civil y armado con un AK chino; Ávila, lejos de capturarlo y eliminarlo, conversó amistosamente con él, intercambiando una serie de preguntas y respuestas que parecían indicar que no había sospecha sobre quiénes éramos. A ello contribuía nuestro uniforme semejante al de los contrarrevolucionarios.

Continuamos la marcha, una vez había llegado hasta el último hombre y hasta el último bulto, ahora lanzamos la consigna de celebrar el 26 de julio en el punto “B”, objetivo principal de esta jornada.

Un solo hecho en el punto “A” nos preocupó sobremanera, y fue la captura de un campesino que venía siguiendo nuestras huellas, la emboscada de retención lo hizo prisionero y lo interrogó someramente. Una vez fuimos informados, ordenamos un interrogatorio a fondo, y de encontrar indicios de actividad enemiga, no esperar el ajusticiamiento. Tenía que hacerse con arma blanca, no había otra posibilidad, dado el sitio en que nos encontrábamos rodeados de huestes enemigas”.

CELEBRACION DEL DIA 28 DE JULIO

“Cuando llegamos por fin al punto “B” la alegría fue unánime… Para mí la alegría fue pasajera, aquel lugar se me antojaba el más inhóspito y frío. Era un prodigio de altura cubierto por las nubes, húmedo, a tal grado que la única población vegetal sobreviviente eran los helechos gigantes.

Los compañeros dormían sobre el suelo, en agujeros como ratas, porque no había un solo sitio donde tender una hamaca, y el frío calaba los huesos. No lo pensé dos veces, inmediatamente mandé por Serapio, para que acompañara a buscar un mejor sitio para construir nuestro primer campamento.

Continuamos rumbo norte, y a unos cuantos kilómetros encontramos un sitio muy acogedor y generoso con la enorme ventaja de sólo poseer dos entradas, fácilmente controlables para ser defendidas.

Bautizamos el campamento como ‘Congolón’, y llegar todos ilesos fue nuestra mejor celebración del 26 de julio. La alegría era sencillamente contagiante, todos sabíamos que haber llegado al Congolón era nuestra primera pequeña victoria, la marcha de la ‘libertad hacia la victoria’ como la bautizara Justo”.

SIN PROVISIONES

“Desde el río hasta Congolón la marcha duró ocho días exactos para toda la columna, exceptuando por supuesto al grupo de exploración que llevaba una ventaja de diez días, respecto al grueso de combatientes.

Nuestra pequeña victoria la celebramos el 26 de julio, con la última ración de alimentos. Esto me preocupó grandemente, pues se había dispuesto para una duración aproximada de doce días, pero la mala administración y las indisciplinas dieron como resultado que el mismo 26 de julio, ingiriéramos la última porción de alimentos.

Mi crítica a los comandantes tenía hoy el dramatismo de una realidad concreta, porque no es fácil alimentar a casi un centenar de combatientes a expensas de la generosidad de la selva”.  

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