Marlon José Navarrete Espinosa
Un líder inspira confianza, determinación, seguridad y valentía entre sus seguidores. El líder no encadena a su pueblo a un esquema, sistema o ideología que a la larga violente las libertades y derechos del individuo y lo aprisione o encierre en el fanatismo, si no existe un proceso de cambio y transformación inspirado por el líder, entonces éste condena a su pueblo al atraso económico, a la ignorancia y al estancamiento intelectual que en consecuencia se refleje en un país dividido, pobre y marginado.
Esta tragedia invade a los líderes del FSLN quienes en su gobierno de la década del 80 no ofrecieron la revolución prometida.
Parte importante de una revolución, cambio o transformación es enmendar los errores cometidos. Los líderes del FSLN no ha hecho nada por enmendar los vastos y graves daños a la familia, a la sociedad, a la propiedad, a la economía, a la Iglesia, a Dios porque ayudaron a debilitar la fe en él, y sobre todo el daño a los jóvenes quienes fueron condenados a muerte o al exilio cuando el general Ortega elaboró y aprobó el Servicio Militar Obligatorio para defender, no a una revolución sino a un sistema vicioso y represivo de las libertades y derechos de los individuos, que por naturaleza propia son irrenunciables e imperecederos. Esta mentalidad no ha cambiado en ellos.
Otro aspecto importante, a propósito de las elecciones, es que tanto es el entusiasmo que ha invadido a la militancia del FSLN por el tiempo electoral que será muy difícil para ellos aceptar una nueva derrota y ahí radica el peligro que pretenden ganar por la fuerza, el sabotaje, la intimidación y la coerción. Las encuestas no implican triunfo seguro y eso lo saben el comandante Daniel y sus seguidores.
Ojalá que en un futuro estos líderes tengan la humildad de transformar su maldad en buena voluntad y su afán de egoísmo en generosidad.