Tito Rondó[email protected]
Nuestro beis nunca ha estado tan bien, nunca tan mal, y no sabemos cuándo empezará el próximo campeonato. Hoy hablaremos de lo mal que está.
En los ochenta, el beis nacional era delirio.
Era una actividad con la que uno podía entusiasmarse, fuera del bando político que fuera. En medio de guerra, escasez y separación del resto del mundo era algo sano a que aferrarse. Los estadios se llenaban (pese a que la calidad del juego era malísima).
Pero llegaron los noventa, y con ello las elecciones. Ganó doña Violeta de Chamorro.
En todas partes el partido de oposición critica a todo lo que pudiera ser un logro del partido en el poder. En el caso de Nicaragua era peor, porque la lucha no era de partidos sino de ideologías. Y la oposición no solamente hablaba mal sino que boicoteaba los esfuerzos del gobierno.
Recordemos las tres asonadas, diseñadas para alejar a los inversionistas, a la destrucción del único campo de golf de la época, los criminales en las calles, las huelgas, y en particular en los deportes, la guerra a favor de Emmett Lang y en contra de Carlos García por el control del deporte olímpico.
Como parte de la guerra en contra de Carlos García, en los programas deportivos influyentes de izquierda se criticaba todo lo que tenía que ver con el béisbol.
Incidentes como el que el manager Omar Cisneros dejara plantada a doña Violeta en el aeropuerto, en realidad no tienen importancia. La tiene la gotita, que una no molesta pero con la constancia y el paso del tiempo horada una roca grande.
A esto se une otro hecho terrible. Los ratings, según me han confesado los que los hacen, no reflejan la realidad. Entonces los medios favorecidos no están obligados a competir, pueden contratar a cualquiera aunque no tenga calidad y las entradas por propaganda comercial están garantizadas.
Recordemos la vergüenza que sentimos cuando miembros del cuerpo diplomático se burlaban de la transmisión por televisión de un gran evento internacional, aunque seguramente reían menos que el dueño del canal, el cronista y los cuatro o cinco dueños de agencias, únicos que se lucraron de una jugada bien montada.
No hubiera sido tan grave si no hubiera ido acompañada de un feo boicot a un evento magistralmente montado en Nicaragua.
Así que hemos convencido al público de que el beis de aquí no sirve, cuando tenemos la liga no profesional más fuerte del mundo con excepción de Cuba, e incluso el Especial es más fuerte que muchas ligas profesionales (lo demostró Oscar Torres con Cuba).
Y los jugadores, desencantados porque los directivos no saben nada y se dejan engañar por managers que son pura habladuría, no se matan en el terreno de juego. El público toma nota.
Nuestro beis nunca ha estado tan bien, y nunca ha estado tan mal.