- Ha estado en cuatro entidades financieras todas unidas por un común denominador: fueron intervenidas, desapareciendo de esa manera del espectro nacional. Asegura que el presidente Arnoldo Alemán lo llama “apaga fuegos” en alusión a su reiterada tarea de encargarse de las “liquidaciones” bancarias que le han tocado dirigir
María Antonia López [email protected]
Por mucho tiempo, parecía difícil lograr una entrevista con este personaje, a quien las canas se le han pronunciado más en el último año. Y no es por casualidad, pues se ha metido de cabeza en el análisis de procesos bancarios que acaban con la liquidación de varias entidades.
Reclutado por el gobierno sandinista, permaneció dentro del gobierno de doña Violeta Barrios y actualmente con la jefatura de Arnoldo Alemán. Su experiencia, más que una posible afiliación política le ha valido para depositar en él la confianza necesaria de resolver casos sumamente difíciles y la probabilidad de continuar con otros si le solicitan.
Su primer suceso en liquidación fue el Fondo Nicaragüense de Inversiones, el cual se convirtió en la Financiera Nicaragüense de Inversiones (FNI), donde estuvo por cinco años hasta que el presidente Arnoldo Alemán lo cambió y fue nombrado por Noel Ramírez, asesor del Banco Central por dos meses, luego se convirtió en el presidente del Banco Nacional de Desarrollo (Banades), el cual se encargó de clausurar.
Usted ha trabajado con los últimos tres gobiernos que ha tenido Nicaragua, ¿cómo ha podido conciliar esa situación, dado que aquí los cargos de confianza son removidos por cambios políticos?
En el gobierno sandinista actué con profesionalismo, a pesar de tener 28 años cuando fui presidente del Banco Popular y a los 30 vicepresidentes del Banco Central, eso marea a cualquiera. Pero, he tratado de ser siempre una persona correcta y hacer lo que se debe, y comprometerme sólo con el país.
En el gobierno de los ochenta tuve algunas diferencias en la forma cómo se estaba manejando la economía. Recuerdo una plática con el ministro en ese tiempo, Henry Ruiz, cuando le dije que si quería controlar la economía tenía que hacerse cargo del Banco Central, y él no quiso. Cuando estoy en el INCAE me llamó el doctor José Evenor Taboada para que me hiciera cargo del Fondo Nicaragüense de Inversiones.
Donde encontramos una cartera mala. Fueron los fondos aportados por la Agencia Interamericana de Desarrollo (AID), que le daban al gobierno en los 90 para que reactivara al sector privado y pusieron millones de dólares para financiar la Kodak, los Supermercados La Fe, el cultivo de melón, los de Palma Africana… pero fueron muy mal concedidos los créditos. Lo que queda es una masa de crédito de los ochenta que se dio a la industria textilera y metalmecánica que fracasó y los nuevos saldos. Estuvimos a la par de la Cornap con Dayton Caldera tratando de recuperar la cartera complicada. Recuperamos bastante y otra se perdió. Ahorita no preciso los montos, a consecuencia de conceder los créditos con una política muy flexible.
¿Por qué era tan flexible?
Me imagino porque era la idea de reactivar el sector privado. Lo mismo sucedía con los bancos, se quería tener entidades privadas, que pusieron un capital de 2 millones de dólares y no se fue riguroso para saber a quién se autorizaba y es un tema más delicado. La idea era abrir la economía.
De la FNI se fue al Banco Central…
Por unos meses, posteriormente en mayo del 97 me ofrecieron la presidencia de la Junta Directiva del Banco Nacional, con la misión de reducirlo de tamaño y liquidar el banco.
En ese momento, muchos lo vieron como el “ogro”, porque hubo muchas protestas del sector productivo
Sí. Exactamente. Recuerdo que un comentarista de televisión dijo que yo era producto del acuerdo entre los sandinistas y doña Violeta, que yo era sandinista y por eso me habían nombrado. Yo me separé totalmente de la política. En el Banades, la tarea era complicada pero menos que el Interbank, porque el dueño del banco era el gobierno, y generaba pérdidas por más de 300 millones de dólares. Me tocó explicarle a los sindicatos, a los gremios y técnicamente en 5 a 6 meses estaba cerrado. Empezamos septiembre del 97 y en enero del 98 prácticamente no existía.
¿Cuál fue el origen del problema?
Cuando hay bancos estatales por lo general se politizan. El Banades no cuidó su cartera y concedieron los créditos. Hubo casos de créditos grandes concedidos a “amigotes”, estas personas entendían que si podían pagar lo hacían, si no, no. Se concentró mucho en café, ganado, y si tenían crisis el Banades también. El gobierno se comprometió a apoyar al sector sabiendo que muchos de esos créditos no tenían grandes posibilidades de ser recuperados. Otro problema fue las promesas a los desmovilizados de ofrecer tierras adjudicadas o del Estado y que luego se les dio crédito poniendo como garantía la tierra que no les pertenecía. Luego, tenían un personal inflado, cuando llegué eran 900 empleados y fue difícil negociar con el sindicato. Fue con mucho cuidado, como para no pisar una mina, porque nuestro temor era que se tomaran las sucursales y provocar un pánico financiero que contaminara al sistema bancario. Encontré gente sandinista pero muy competente. E incorporé en mi equipo algunos para vender activos y bienes y después me decían que tenía un nido de sandinistas. Fue un dolor de cabeza porque varias veces me llamaron la atención. Finalmente respetaron el trabajo. Vale la pena estudiar la historia del Banades.
¿Fue ese el motivo para escribir el libro sobre el Banades?
En ese equipo estaban Otoniel Ruiz, que se fue para el Banco Popular. Se hicieron dos libros, uno sobre la historia hecho por el ex secretario de la junta por 50 años, Armando Ocón, quien fue el que me dio este martillo (mostrando a la cámara) con el que se daba por concluido un punto y me quedó de recuerdo. El otro libro, es entre Otoniel y yo sobre lo que pasó en el Banades, para que se conozca que hubo transparencia, cómo se vendió, los resultados fueron halagadores. Los organismos no creían que se iba a vender. Logramos colocar 25 centavos por cada peso de cartera. Fue una experiencia tan buena, que el Superintendente de Bancos cuando le presenté el plan de liquidación me dijo “vos hablás bonito porque diste clases en el INCAE”. Desgraciadamente sólo tiramos 200 ejemplares. Fue la primera vez que se vendía un banco en subasta e hicimos un acto solemne.
¿No le dio pesar acabar con un banco con más de 50 años de historia?
No deja de haber un sentimiento, pero también le estaba ocasionando pérdidas al Estado, porque lo habían saneado tres veces, y volvía a caer, porque debían sanear las administraciones, mejorar los controles y cambiar a las personas. Los fenómenos se repetían. Me dieron más pesar los empleados, aunque el 70 por ciento quedó trabajando en la banca privada. Luego las personas que ahorraban en pueblos remotos, cuyo problema persiste en darles servicio financiero a la gente para que ahorren y eso no lo hace nadie. Y sigo siendo presidente de la Junta liquidadora que solamente se reúne una vez al mes para estar pendiente de reclamos.
¿Después del Banades dónde fue ubicado?
Cuando quiebra el Banco Sur me llamó Noel Ramírez, quien quiso que condujera el cierre, pero don Ángel Navarro (ex superintendente) dijo “quien pone a la gente soy yo” y no me pusieron. Después Ramírez me llamó para lo de Interbank cuando me contó que “yo no duermo bien pero si me ayudás van a mejorar las cosas”.
¿Cuándo le dijeron que se hiciera cargo de Interbank, tenía idea de lo que iba a encontrar?
Llego como asesor a la junta administradora. Hasta que renunció Guillermo Lugo y me nombraron presidente de la junta liquidadora en mayo. Es la tercera experiencia en cierre de bancos, es mucho más complicado que el Banades, ese era un juego de niños. Aquí hay muchos intereses en juego, accionistas, administración, el gobierno… en la medida que vamos profundizando es más difícil. Porque en el Banades sabíamos que le íbamos a cobrar a Pedro Somarriba y estaba ubicable, pero aquí decimos hay que cobrarle a Celestino Mayorga, lo buscamos en el Consejo Supremo Electoral y no lo encontramos, buscamos la prenda y no está, se busca la finca y no existe. ¿A quién le cobro?… A una junta liquidadora la mandan a recuperar la masa de bienes, pero si una parte de la masa de casi 100 millones de dólares no la tiene en sus manos es difícil terminar. En algún momento vamos a dar. Es como despejar una selva, abrir caminos y ver el panorama.
Se dice que las propiedades que tienen los hermanos Centeno no cubren el préstamo que hicieron…
Mi apreciación personal coincide con eso. Sin embargo, han asegurado que van a pagar hasta el último centavo. Estamos haciendo avalúos de las tres últimas propiedades, hemos valuado 60 de los Centeno, de las cuales hemos tomado unas 15, las otras no porque hubo discrepancia en los precios y no tienen atractivo para inversionistas. Se ha gastado dinero en hacer eso.
¿Cuánto se ha invertido en los avalúos y en la recuperación de carteras?
Hablamos de más de 250 mil dólares, hay que pagar el proceso de cobro judicial donde tenemos casi 13 millones de dólares. La masa de bienes a liquidar será adjudicada; 40 de los Centeno más 25 que se acaban de integrar. En un par de meses llegamos a las 100 propiedades. El cobro judicial se carga al cliente, los gastos de valuación también.
¿En el caso de los fantasmas?
Lo hemos absorbido nosotros, son gastos de búsqueda, con resultados poco halagadores.
¿Cuántos casos de fantasmas registran y cuántos creen que van a recuperar?
Creemos que no existen 475 personas con 80 millones de dólares, luego 111 créditos que los fiadores son los 475 y después 600 créditos que no hemos empezado a buscar, pero que tampoco se acerca la gente. Vamos a pedir apoyo al Consejo Supremo Electoral para buscarlos.
¿Cómo se va a resolver el caso, si no encuentran a los clientes?
Si no se localizan los deudores, alguien debió entregar la solicitud, alguien se la llevó, alguien hizo la inspección de la propiedad, alguien operó el desembolso, tiene que haber una cuenta y hay que seguir la pista.
¿Podrían resultar algunos funcionarios del banco involucrados?
Podría ser. Porque un fantasma no pudo hacer eso.
¿Al concluir el proceso podría conocerse el origen del problema del Interbank?
Todavía no conocemos el problema claramente, pueden haber sospechas y atar los cabos pero no me atrevo a formular hipótesis. Aunque he dicho que sin los fantasmas hubiera tenido problemas porque de los 250 millones de dólares en cartera casi 100 estaban en café y ese rubro con crisis en los precios se viene a pique.
¿Cuánto falta para concluir el proceso de liquidación del Interbank?
Este proceso debería estar listo en dos meses, porque necesitamos averiguar ese itinerario. La junta tiene hasta noviembre, pero la Superintendencia puede prorrogar hasta 6 meses más.
¿Lo han amenazado?
Nunca he tenido amenazas a mi vida, creo que se han portado con cortesía y no tengo nada en contra de ninguna persona. Andamos buscando las evidencias documentales, no acuso a nadie. Mis relaciones con los hermanos Centeno son cordiales.
¿Y presiones?
De ningún tipo. Sería mentiroso decir que me llamó el Presidente de la República, o el Superintendente, la junta liquidadora es autónoma y los que me conocen saben que no obedezco presiones.
Como lo del Interbank está cercano a concluir, ¿es posible que lo ubiquen en el Banic en otro caso difícil?
No sé. Casi pensaba que éste era mi último reto, porque uno tiene derecho a llevar trabajos más suaves. El presidente cuando me ha encontrado me dice “mi apaga fuegos”, como quien dice mi bombero, pero si se presenta el reto del Banic lo aceptaría porque me gustan los desafíos de desmontar un banco porque es un arte.
DURA RECUPERACION DE CARTERA
El presidente de la junta liquidadora del Banco Intercontinental S.A. (Interbank), dijo que hay una cartera de 30 millones que han recuperado “con eficiencia”.
“Pero los 100 millones de dólares que corresponden a unos 1,200 productores, allí no hemos hecho nada, de los cuales creemos que la mayoría son de café. No hemos podido identificar plenamente. También tenemos una cartera de 100 millones con los hermanos Centeno que vamos caminando y Alex Centeno ha prometido que van a pagar todo lo que deben, incluyendo 22 millones de dólares de créditos de productores”, indicó.
Señaló que han recuperado con la familia Centeno Roque, principal involucrada en el escándalo del fraude financiero del Interbank, alrededor de 40 millones de dólares.
“Es complicado, estamos vendiendo bienes y lo hacemos bajo condiciones difíciles, por la iliquidez que hay en la economía y por la incertidumbre política. En la primera subasta vendimos cuatro y en la segunda tres, en la última fue sólo una, pero creemos que vamos a seguir vendiendo”, aseguró.
Dijo que están tratando de ampliar el mercado de compradores hacia Centroamérica, “en los próximos días vamos a publicar en los diarios de Guatemala, Costa Rica, México venta de fincas ganaderas como Santa Carlota en Chinandega, el Beneficio Bencasa, la hacienda Cañas Gordas, la planta de Ajonjolí, es la opción que tenemos…”.