- Sus dos piernas… ese fue el alto precio que don Juan Francisco Vanegas, mejor conocido por los masayas como “El Hulero”, pagó por una “imprudencia de borracho” hace 29 años, cuando el ferrocarril se las amputó. Es un personaje de la ciudad, vende lotería, es cerrajero y cultiva rosas con amor y esmero
Leopoldo López Arias – [email protected]
MASAYA.- “El Hulero” es uno de los personajes de la “Ciudad de las Flores”. Su nombre es Juan Francisco Vanegas García, tiene 52 años y mucho que contar.
Desde su silla de ruedas hace de todo un poco, pero su verdadera pasión es el jardín. Con mucho esmero cultiva su propio vergel, el que cuida y ama como a su propia vida.
En esta tarea lo ayuda un niño al que llama cariñosamente “Porrín”, y a quien estimula con calzado, ropa y cuadernos para que asista a la escuela.
Cuenta que no hay nada que le apasione tanto como las flores, por eso dedica parte de su tiempo a cultivar rosas, jazmines, narcisos y una variedad de orquídea.
A pesar de su limitación, también se dedica a barrer la calle donde tiene su negocio, es padre de cuatro hijos y sobrevive en su pequeño taller de cerrajería, ubicado frente al antiguo mercado de Masaya, pero también vende lotería, para vivir dignamente y no como un pordiosero.
UNA VIDA DE TRABAJO
Empezó a trabajar a los doce años, cuando ayudaba a su difunto padre a picar los árboles de hule para sacar la leche de éstos, en los bosques de la Meseta de los Pueblos de Masaya y Carazo. Es por eso que lo llaman “El Hulero”
De no ser porque el ferrocarril le amputó las extremidades inferiores cuando intentaba cruzarse de un vagón a otro en estado de ebriedad, continuaría picando hule, y a lo mejor tendría una fábrica de carpas para camiones y capotes, reflexiona.
Pero la vida siempre ofrece una oportunidad, y un año después del accidente logró ir a México, donde aprendió a leer y a escribir, y asistió a una escuela de arte y oficios, en la que se graduó de cerrajero, narró.
Después del accidente ferroviario dejó de tomar licor, fumar, jugar póker, y sólo dejar de amar a las mujeres no ha podido, “porque ellas son una belleza”, manifestó.
EL LICOR CAMBIO SU VIDA
– “El Hulero” nunca olvidará esa tarde del 30 de enero de 1972. Ese día, bajo los efectos del licor, trató de pasarse de un vagón a otro cuando el ferrocarril estaba en movimiento. Perdió el equilibrio y las pesadas ruedas de hierro del tren de Los Pueblos lo dejaron sin piernas.
– Fue algo muy difícil. Quería terminar con su existencia, pensaba que no volvería a bailar, nadar y que nunca jamás una mujer se fijaría en él, pero logró superarlo, recordó.
– “Era el año de 1972 en plena juventud, con tercer grado de primaria aprobado y sin ningún oficio. Era suficiente para desesperarme”, justifica.
– “Si tuviera todas mis habilidades físicas continuaría sembrando granos básicos, picando hule, y tal vez fuera dueño de una gran fábrica de capotes y carpas para camiones”, dijo.
– Explicó que superó la idea del suicidio con ayuda del gobierno mexicano y del señor Ofarri, del Instituto Mexicano de Rehabilitación.
EL LICOR NO DEJA NADA BUENO
Juan Francisco Vanegas García aconseja a la juventud que el licor y las drogas no dejan nada bueno en la vida. “Estas drogas sólo lo hacen vivir a uno momentos pasajeros y sólo llevan desgracia a la familia, a nuestros hijos y a la esposa”.