“Vinagre y la sal en las heridas”

Georgina Lupiac Que impresionante y veraz representación de la realidad nicaragüense nos muestra el editorial del Diario LA PRENSA del vienes 17 de agosto y por el cual se les felicita. Cuántos hermanos tienen sus vidas señaladas con las heridas que se niegan a cicatrizar, ya que día con día reciben ese vinagre y sal […]

Georgina Lupiac

Que impresionante y veraz representación de la realidad nicaragüense nos muestra el editorial del Diario LA PRENSA del vienes 17 de agosto y por el cual se les felicita.

Cuántos hermanos tienen sus vidas señaladas con las heridas que se niegan a cicatrizar, ya que día con día reciben ese vinagre y sal que menciona el editorialista.

Cuando tenemos que caminar sobre las aguas sin mirar ni atrás ni abajo para no hundirnos en la desesperanza, poniendo nuestros ojos fijos en el horizonte donde a lo lejos se refleja la ilusión de la justicia.

Sin temor a personalizar, qué difícil es para mí volver mi memoria hacia aquellos días de octubre de 1999, cuando mi familia recibía una bofetada en el rostro y en plena democracia y libertad, ganada con el sacrificio de miles de compatriotas que con un lápiz y una cruz eligieron la paz y el progreso.

Doce días de terror, de amenazas de muerte, de insultos inmisericordes dentro y fuera de la casa y quienes jefeaban a los vándalos eran el encargado del Comité de Defensa Sandinista enmascarado actualmente como Movimiento Comunal, y un actual diputado sandinista que amparado en su inmunidad que los hace impunes, megáfono en mano y liderando un grupo de maleantes de otros departamentos ya que en Madriz nadie hizo eco a su llamado por reconocer nuestro derecho a defender lo que nos pertenece, demostraron con su actitud que no habían experimentado ningún cambio y que seguían siendo los mismos violadores de los derechos de los demás.

Después de semejante experiencia, donde estuvimos a punto de perder no sólo nuestra vida sino también la de nuestro padre, causa por la cual abandonamos la lucha y que hoy espera el final de sus días en un exilio voluntario, lleno de años y con sus heridas en carne viva, veo con tristeza, cada vez que me topo con alguna propaganda electoral con las imágenes de nuestros verdugos que pretenden cínicamente alcanzar nuevamente el poder, esparciendo vinagre y sal en cada una de las heridas de tantos nicaragüenses que como yo tienen una historia que contar.

Sin embargo, a pesar de las circunstancias debemos seguir adelante, usando el bálsamo del amor a nuestra Patria que es lo único que alivia el ardor que produce el vinagre y sal, y que posiblemente con el tiempo este bálsamo logre sanar y cicatrizar.  

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