Edgard Rodríguez C. [email protected]
Mirando su rostro y escuchando sus palabras, era difícil imaginar que interiormente libraba una batalla sin cuartel contra una devastadora enfermedad que lo minó hasta acabarlo.
Sin embargo, Julio “El Porteño” Jarquín se ha ido con el conteo a su favor. Lanzó completó el juego de su vida y lo ganó, a base de una tenacidad sin par y un afán de superación ilimitado.
Julio era siempre vigor y entusiasmo, factores que logró proyectar con propiedad a través del micrófono, que llegó a convertirse en una extensión de su magistral y cultivado talento.
No obstante, ni su enfermedad ni su muerte podrán arrebatarnos el recuerdo y sobre todo el legado que deja Julio, un trabajador duro en su entrega y brillante en sus resultados.
Tuve la suerte de trabajar a su lado y no costaba mucho llegar a admirar su empeño, sentido del momento, profesionalismo y respeto por su trabajo. Era el más grande que nos quedaba.
En una ocasión estuvimos como compañeros de habitación en una gira de la Selección que duró más de un mes por EE.UU y Canadá. Siempre estaba al tanto de cada detalle.
Quizá porque Julio entendió que normalmente lo que diferencia a los grandes de los buenos, son precisamente los detalles. La transmisión de Julio, su descripción, estaba llena de detalles.
Recuerdo un día en Edmonton. Me dijo: “Dormite, ya son las nueve y después no querés que te levante”. Es que la agarraba en serio. Me despertaba a las 5 de la mañana todos los días.
Decía que para cuando me tocara hablar en la radio a las 6:30 a.m., ya debía estar bañado. Pero en esa zona, el sol está a las nueve de la noche como si fueran las tres de la tarde.
Me le quise rebelar y le dije: “Calmate, ¿no ves cómo está el sol?”… Su respuesta fue de golpe: “¡No seás pendejo! ¿Qué te importa el sol? Son las nueve, son las nueve… ¡Dormite!”
Y llegamos a cultivar una amistad que trascendió la admiración común que provoca el trabajador eficiente. Llegué a admirarlo, porque ciertamente “El Porteño” era admirable.
Hoy lamentamos su partida, pero su recuerdo es consistente y vamos a tenerlo como un referente.