Edgard Tijerino [email protected]
Pueden no creerlo, pero debe haber ocurrido: las primeras palabras que se le escucharon a Julio Jarquín, fueron: “Strike cantado” y “Out por dos pasos”. Estaba de pie en su improvisada cuna allá en Puerto Cabezas, utilizando la pacha como si fuera un micrófono… Y todos sintieron esa vibración que más adelante nos hacía saltar de las butacas.
Del “Porteño”, Píndaro hubiera dicho al pie de su sepultura: “Éste es el hombre que alcanzó la grandeza frente a un micrófono, electrizándonos con su descripción, obligándonos a admirarlo por su objetividad, bañándonos con una emoción divina y seductora… Escuchándolo, uno suponía tener un televisor imaginario captando las imágenes.
Ahí estaba yo aquella tarde de aquel día del mes de agosto de 1984 en el Dodgers Stadium… Me sentía como un intruso tratando de no pasar inadvertido entre los dos mejores locutores del terruño, Sucre Frech y Julio “El Porteño” Jarquín… ¡Cómo olvidar el espectacular batazo de Arnoldo Muñoz decidiendo el juego contra Canadá!… Vi cómo “El Porteño” se incorporaba bruscamente aferrándose al micrófono mientras sus ojos se agrandaban como lunas llenas y los músculos de su rostro se crispaban como olas enfurecidas. Fue siempre algo formidable que vio la vieja raza, presenciar cómo volcaba su pasión hacia los oyentes.
El forjador de ilusiones que en 1964 decidió moverse de Puerto Cabezas a Managua en busca de una oportunidad para poder desarrollarse como locutor deportivo, vio abrirse las puertas de Unión Radio, apadrinado por Orlando Meza Lira. Sabía que le quedaba poco tiempo como Mecánico Dental en la Clínica de los Mongalo.
Dice un proverbio antiguo: “Ten cuidado con lo que deseas. Puedes conseguirlo”, y Julio siempre quiso ser un locutor deportivo, se colgó de ese sueño, voló en su persecución hasta Managua, y súbitamente, a los 23 años, estaba en México narrando la pelea de Eduardo “Ratón” Mojica con Efrén “Alacrán” Torres, que tantas controversias provocó.
Eran tiempos difíciles en que las oportunidades escaseaban, pero “El Porteño” fue diligente y paciente, humilde pero ansioso, consciente siempre que rendirse significaba exponerse a una derrota total… Ese reto le exigía someter a prueba su carácter y su capacidad.
Hizo la versión de los juegos que protagonizaron los infantiles nicas en Williamsport durante 1970, y más adelante cubrió al crédito sus gastos de pasaje y alimentación para poder estar en el Mundial de Colombia… Durante los Panamericanos de Cali, ya narraba algunos innings, y en 1974, aterrizó en Radio Corporación atendiendo un llamado de José Castillo Osejo.
En 1976 alcanzó su máxima elevación transmitiendo bajo la conducción de Juan Vené, la Serie Mundial entre Yanquis y Rojos… Más adelante, integró el más poderoso staff casero que yo he escuchado, abrazándose con Sucre Frech y Carlos Reyes, y en1983, comenzó a barrer con la audiencia en Panamá… Revisando sus éxitos, el gráfico presenta al hombre frente a una montaña enorme.
Nació el 4 de julio de 1945, meses antes que la Selección Nacional viajara al VIII Campeonato Mundial que se realizó en Venezuela, justo cuando las Grandes Ligas, afectadas por la guerra, tenían a muchos de sus superastros en misiones de combate… El triple corona de boxeo, Henry Armstrong, subió ese año por última vez al ring y Ray “Sugar” Robinson derrotó dos veces a Jack LaMotta… No era el momento para que Julio preguntara ¿quién era ese Snuffy Stirnweiss de los Yanquis, que se coronó Campeón de bateo y agregó otros cuatro lideratos en la Liga Americana?
“Yo escuchaba las narraciones cubanas y me fui moldeando a la brava, pero con interés… Me gustaba el ritmo de Felo Ramírez… Me sentí en las nubes narrando en México la pelea del “Ratón” en reemplazo de Cuco Conde, quien no fue autorizado por el promotor Pablo Ochoa”, recordaba, regresando a los niveles de excitación de aquella época.
“Sé que soy bueno y que me esfuerzo al máximo por serlo”, apuntaba con objetividad, sin pretender caer en una falsa modestia, y era cierto, porque, aunque todo depende del oído que escucha, el nativo de Puerto Cabezas se ubicaba entre la élite en cualquier standard.
Habían pasado 56 años desde aquel “Strike cantado” utilizando la pacha como micrófono, cuando la muerte, pitcheando tan implacablemente como siempre lo hace, se lo lleva de nuestro escenario provocando un gran impacto y empujándonos hacia la congoja de un tropel de recuerdos.
TE PASASTE, NEGRO
– Recuerdo aquella noche de Serie Final… Ahí estaba yo a la orilla del gran locutor, como en los Olímpicos de Los Angeles… De pronto el impacto que nos sacude y bola zumbando hacia la brecha del right-center… De esa garganta privilegiada, con la claridad que siempre lo caracterizó para capturar todos los detalles necesarios, salía la descripción precisa.
– Su voz estaba adelante y detrás del corredor que doblaba por las bases en busca del plato, y al mismo tiempo, nos dibujaba con singular maestría, la trayectoria, la hermosura y la dimensión del batazo, más el esfuerzo del jardinero, el tiro que viene y el corredor que se proyecta, la llegada de ambos al punto de convergencia, y el voltaje al máximo consecuencia de una transmisión perfecta, vibrante….”Te pasaste, negro” le dije, sin poder ocultar mi admiración.
– Siempre introvertido, Julio Jarquín no fue un hombre fácil de conocer, y por supuesto, tampoco fácil de entender, pero más allá de parecer tan misterioso como una ecuación algebraica de esas rompe cabezas, tuvo empeño, fue disciplinado, aprendió a superarse y se convirtió en ejemplo.