- Hubert Silva es todo un
apasionado del béisbol donde
se destaca en la actualidad
como un mánager del futuro
Hijalmar Padilla [email protected]
Hubert Alberto Silva Carcache siempre vivió convencido de los peligros que encierra el mundo taurino.
Seguro por eso es que a los 17 años de edad se distanció de las contingencias de ese cosmos torero para dedicarse en cuerpo y alma al béisbol, su verdadera pasión.
“Al toro por los cachos”, dice Silva Carcache cuando habla de los retos beisboleros en un lenguaje todavía con olor a corridas y barreras.
Hubert Silva es un ex pelotero y ahora exitoso manager que se abre paso entre los desafíos que siempre impone el béisbol pinolero.
“Mi mayor anhelo un día es ser manager de Primera División. Estoy ciego por eso, muy empecinado”, agrega sobre su afán.
Nandaimeño de pura cepa y beisbolista por naturaleza, Silva Carcache considera que Dios lo quiere mucho al sacarlo del arriesgado orbe taurómaco.
Esa dicha en la actualidad le permite tener una gran familia, compuesta por cuatro pequeños hijos, progresar económicamente, compartir sus ganancias y sobre todas las cosas disfruta con un mayor ardor el béisbol.
A FONDO CON HUBERT SILVA
¿Cómo fue tu niñez?
“No la tuve. A los 8 años ya trabajaba porque mi familia era muy pobre”.
¿En qué laborabas?
“Cuidaba ganado, con un pago de 10 córdobas a la semana”.
¿Cuánto tiempo lo hiciste?
“Hasta los 17 años, cuando decidí buscar otro ambiente y me metí al negocio de vender queso y caramelos de menta”.
¿Qué te dejó esa convivencia con los animales?
“Enfrentar con gran responsabilidad la vida. Manejar 200 cabezas de ganado a los 8 años de edad no es nada fácil. Uno se forma mucho”.
¿Aprendiste todo lo relacionado a la ganadería?
“Tanto que hasta me convertí en montador de toros desde los 12 años”.
¿Cómo te fue?
“Fui uno de los mejores. Montaba de todos modos, es decir, ‘pellejeado’, para atrás y espueleado. No me perdía las fiestas patronales de Nandaime, La Paz Centro, Diriamba y otras ciudades. Incluso después era yo quien firmaba los contratos”.
¿Te gustó ese medio?
“Hoy me arrepiento. Ese ha sido mi único error, montar toros”.
¿Por qué?
“Es que es algo muy arriesgado. Montar un toro es como subirse al lomo del propio demonio. Gracias a Dios no quedó seña, no me pasó nada porque muchos de mis amigos quedaron dañados o muertos”.
¿En realidad que es lo más aventurado en los toros?
“Vivir rodeado de gente peligrosa. Por suerte no se me pegó nada malo en medio de convivir en un mundo insólito”.
Pero… ¿aprendiste algo?
“Los siete vicios del garrote: jugar toro rabón, ruleta, billar, póker, desmoche, gallos… y mujerear”.
¿Te sobraron?
“Sí, porque ellas creían que por montarme a un toro era la ley. Además porque era bonito”.
¿De modo que te consideras atractivo?
“Bueno, así me lo han dicho, que soy parecido”.
¿De qué sabes más de toros o de béisbol?
“De béisbol que es mi vida, mi sueño. Ahora con sólo acordarme de los toros me produce un miedo terrible. Ese mundo es insólito”.
¿Qué te alejó de los rodeos?
“Mi esposa. Solamente ella me pudo retirar de los toros”.
¿Y ahora cómo reacciona?
“Compartimos el mismo gusto y me hace notar que hay un mayor disfrute en el béisbol que en los toros”.
¿Con el talento para sobresalir en el béisbol?
“Más que todo con la fuerza y salud que Dios me ha dado para salir adelante”.
¿Por qué Omar Cisneros es un ejemplo para vos?
“Por su forma de armar grandes equipos, buenos clubes. Nada más”.
Este es Hubert Silva.