Lucía Martínez Salvo
Niquirano, ¿cómo te enseñaron a rezar el Padrenuestro en lenguas desconocidas?
El colono vino a tu Mar Dulce a firmar falso contrato de posesión de terreno.
De la Madre Patria conquistadora pasó tu tribu a ser ciudad, cuando la llanura virgen perdió su libertad.
De bandera roja y amarilla pintaron tu desnudez y aprendiste a vestir ropas y a pelear por la supremacía de tu Nicarao.
Nada heredaste del supuesto perfeccionismo imperial, sólo el deseo de libertad ante tanto desorden institucional.
Huérfana quedó tu gente; ahora sin jefes ni autoridad.
Al Norte te dieron asilo y firmaron nuevo contrato de posesión bautizando a tu pueblo con el nombre de nación y eligiendo como padrino al yanqui protector.
Pasó a ser tu escudo con estrellas blancas
Y tu gente observó desde abajo el desfile de abanderados:
Moncada, Bautista y Somoza.
Cuatro décadas de dinastía y tu gente seguiría igual.
¡Viva la desigualdad!
Y de pronto un llamado a la revolución.
¡Un alto a la corrupción!, se dijo con patriotismo enmascarado.
¿Será metáfora o personificación?
Se entendió el profundo significado de tal aseveración cuando los 9 uniformados se coronaron con la corona imperial, la mismísima que heredó Somoza y su élite familiar.
Cayó el trono una vez más y vino la paloma de la paz.
A Dios gracias… ¡por fin una época de transición!
Pero nada nuevo para tu gente, los grandes siempre abusando de su posición.
Se sacó provecho al cambio, se decretaron leyes especiales para ciudadanos especiales.
Se controló la hiperinflación, más siguió tu gente desempleada y paupérrima
Luego le tocó al rojo coronarse con la banda presidencial.
Con trajes elegantes viajaron a negociar nuevo préstamo a la independencia extranjera, aunque lo único que lograron fue engordar su propia billetera.
Entre bombas y morteros, entre llamas y barricadas, regresan los verdeolivos sin gota de resignación, siempre exigiendo su seis por ciento cuando ya el gobierno lo dio.
Atacan al Güegüense con su patriotismo enaltecedor y tu gente es la que sufre ante tanta destrucción.
Ni en el tiempo de los cavernícolas se vio batalla igual, con piedras y adoquines se han armado para pelear contra los antimotines que el gobierno mandó a dialogar.
Sabiendo ya, que en la época de los cavernícolas no se conocía el hablar, los conflictos a batazos y el de más golpes: a ganar.
Se decreta, se quita y se pone, se reforma,
Se crea una necesidad.
Pero tu gente sigue igual…
Se pacta y se roba,
¡Viva la mezquindad!
Niquirano, todo ha sucedido a tu gente en esta historia que ya está por terminar.
Pero hago una pausa antes de cerrar.
Para cada fábula; su moraleja.
Para esta fábula cavernícola, un llamado nada más hacia todos los líderes de mi patria que me quieran escuchar:
“Se solicita un personaje humano y real que me dé un fin para esta historia que merece, de una vez por todas, un final”.