George GeddaAssociated Press
WASHINGTON.- Cuando era un dirigente guerrillero en junio de 1958, Fidel Castro ya pensaba en nuevos mundos que conquistar, aún cuando la victoria en Cuba todavía no era suya.
Entonces tenía 31 años y ya le había manifestado a un amigo, en una carta, sus sentimientos contra los estadounidenses, diciéndole que iba a lanzar una guerra más grande y larga en su contra, y que sentía que tal era su destino.
Seis meses después, como nuevo dirigente de Cuba, Castro inició su plan. La revolución que condujo fue esencialmente antiestadounidense. Y al cumplir 75 años de vida el lunes, parece que no ha menguado en nada su sentir.
Desde el punto de vista de los analistas estadounidenses, la ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Castro desde las primeras fases de su revolución era probablemente inevitable.
Castro “ha querido definirse a sí mismo como el gran enemigo de Estados Unidos” casi desde el inicio de su lucha, dijo William D. Rogers, ex funcionario del Departamento de Estado.
Castro siempre vio la presencia estadounidense en la Cuba previa a la revolución como “un símbolo de todo lo que estaba mal en el sistema cubano”.
“Castro claramente nunca estuvo interesado en alguna forma de reconciliación”, dijo Dennis Hays, de la anticomunista Fundación Nacional Cubano-Americana. En un discurso realizado hace tres décadas, Castro usó en 88 ocasiones la palabra “imperialista” para referirse a Estados Unidos.
La antipatía de Castro hacia Estados Unidos tiene algo más que una base meramente política. Él considera que Estados Unidos es adicto a la violencia y al consumismo. La libertad de prensa estadounidense le parece risible, porque los reporteros no pueden atacar el sistema capitalista que les da empleo y define a la democracia multipartidista como una “multifarsa”.
Sin embargo, su “guerra” contra Estados Unidos le ha valido pocas victorias. Su más impresionante triunfo fue hace 40 años: la invasión de Bahía de Cochinos, cuando exiliados cubanos apoyados por Estados Unidos intentaron derrocarlo. En contraposición, muchos de sus connacionales han huido a Estados Unidos, y otros planean hacerlo.