- Pobladores se cuidaban más de la pólvora que de los delincuentes
Amalia Morales [email protected]
El motivo de fiesta se acabó. Como una fiesta de bodas, que concluye con la fuga de los novios, los festejos agostinos de los managuas, terminaron ayer con la partida de Santo Domingo hacia Las Sierritas de Managua.
El patrono de Managua volvió ayer sobre los hombros de sus devotos y promesantes al nicho en el que pasa 355 día del año, localizado en la Iglesia La Sierrita de Santo Domingo, en las afueras de la ciudad.
Su trayectoria fue la misma de los últimos cinco años. La imagen, casi tan minúscula como la pacha de un recién nacido, fue zarandeada por puntos claves de la capital.
El Gancho de Caminos, en las inmediaciones del Mercado Oriental, y las rotondas de Repuestos la 15 y la Centroamérica, fueron escenarios del meneo del Santo.
La trayectoria de varios kilómetros se apoderó de las avenidas de sitios como el Jorge Dimitrov, Altamira y la Centroamérica, en las que correntadas de gente, a su propio ritmo y son, reprodujeron el incesante baile del patrono.
OJO CON LA PÓLVORA
De los roces de ese vaivén humano no hubo víctimas que lamentar. Los duelos sangrientos de cuchillos, navajas y picos de botella, que en otras épocas alejaron a devotos fueron superados por la presencia de casi 1,300 efectivos policiales.
Esta vez los platos rotos de la fiesta corrieron por cuenta de la pólvora. La explosión de cohetes a mansalva ocasionó quemaduras a más de 30 personas.
Varios pobladores aterrados por la quema de pólvora, coincidieron en que este año había que cuidarse más de los cohetes que de la delincuencia.
Algunos recomendaron que se designen áreas específicas para la explosión de petardos y que se prohíba su venta a borrachos.
La explosión de petardos alcanzó su clímax en las rotondas. También en calles estrechas como la del sector de la Vicky en Altamira, donde la agitación no fue, necesariamente, propiciada por la devoción al santo.
NOTICIA RELACIONADA: