En el puesto de seguridad de Las Delicias, 190 kms al norte de San José y cerca de la frontera con Nicaragua, un grupo de nicaragüenses, custodiados por un policía tico, esperan la orden para partir al punto desde donde serán deportados.

El éxodo de la desesperanza

Todos los días, cientos cruzan ilegalmente la frontera con Costa Rica en busca de empleo en el vecino país “No han cometido un crimen, buscan trabajo, pero deben ponerse a derecho”, dijo un jefe policial Marianela JiménezAP LAS DELICIAS DE LOS CHILES, Costa Rica.- A lo lejos sólo se divisaban unos puntos de colores en […]

  • Todos los días, cientos cruzan ilegalmente la frontera con Costa Rica en busca de empleo en el vecino país
  • “No han cometido un crimen, buscan trabajo, pero deben ponerse a derecho”, dijo un jefe policial

Marianela JiménezAP

LAS DELICIAS DE LOS CHILES, Costa Rica.- A lo lejos sólo se divisaban unos puntos de colores en movimiento provenientes de Nicaragua. Dos mujeres, cinco hombres y una bebé se acercaban al lugar donde esperaban los policías sentados entre los árboles.

Los rostros sudorosos brillaban al sol del mediodía. En ellos hubo confusión y frustración al principio, resignación después.

El trecho abierto entre la maleza prueba que el paso es utilizado regularmente. Queda a unas dos horas a pie del caserío Las Delicias, ubicado a 190 kilómetros al norte de la capital.

Ajena a lo que ocurría, la bebé dormía en los brazos de Javier Martínez, un campesino nicaragüense de 27 años que ya hizo el mismo recorrido unas seis veces para trabajar en la zona.

El grupo trató de convencer a los dos policías para que los dejaran regresar, no sirvió de nada. Fueron todos juntos al puesto del Ministerio de Seguridad en Las Delicias.

Por el puesto de Los Chiles son deportados entre 50 y 70 nicaragüenses cada día. Un número similar sale por la frontera de Peñas Blancas, a 304 kilómetros al noroeste de la capital.

La vigilancia de la zona fronteriza está en manos de unos 850 policías, quienes dividen esfuerzos entre el control de la migración y los controles del tráfico de ganado, drogas, vehículos robados, madera, fauna silvestre y otros, explicó Nelson Castillo, jefe policial de la zona norte.

“Es un área muy grande, ocupamos más policías pero con los que tenemos hemos logrado realizar un buen trabajo”. Sin embargo, reconoció que los nicaragüenses siempre encuentran la forma de “colarse”.

“La cosa está muy mala allá (en Nicaragua). Imagínese que lo que gano aquí en un día lo gano allá en una semana, entonces no queda más que venir para acá a jugármela”, dijo Martínez.

No todos los nicaragüenses que migran son indocumentados como ellos. Muchos tienen residencia en Costa Rica pero prefieren la deportación para burlar el pago de impuestos de salida por 17 dólares.

“Yo tengo residencia, pero me robaron los documentos. Ahora voy (a Nicaragua) porque mi papá está mal”, dijo Juan Carlos Urbina, de 24 años, quien labora como operario de maquinaria en San José, donde regresará en unos días.

“Aquí me regreso porque no creo que Nicaragua vaya a mejorar”, expresó. Reconoció que el aumento de inmigrantes lo ha afectado. “Hace siete años era fácil encontrar trabajo y ganar bien, pero ahora es un exceso y pagan menos”, comentó.

Del total de 320 kilómetros que tiene la frontera, el cantón de Los Chiles cuenta con 113 kilómetros donde “los ríos y montañas de la zona facilitan el paso”, manifestó Rolando Potoy, jefe policial en Los Chiles.

“Es muy difícil vigilar ahí mismo, por eso salimos a las carreteras porque al fin los ilegales tendrán que salir a ellas para conseguir trabajo”, agregó.

LEY TICA NO PERSIGUE A “COYOTES”

Los policías reconocieron que el trabajo se facilitaría de existir algún tipo de sanción contra los llamados “coyotes” (traficantes de personas). Ese delito no está tipificado por las leyes costarricenses.

Los coyotes cobran cerca de 15 dólares por pasar a una persona de un lado al otro de la frontera y hasta 60 dólares por la venta de documentos robados a ticos o falsificados.

Según Rolando Potoy, jefe del puesto de Los Chiles, el trabajo policial no tiene como fin perseguir a los indocumentados, sino hacer respetar la ley costarricense. “Ellos no han cometido ningún crimen, sólo buscan trabajo, pero aún así deben estar a derecho”, expresó.  

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