Amigos de lunas y estrellas

Mientras unos se divierten platicando en los bares, vertiendo licor en copas transparentes, bailando la música electrizada del ambiente de las discos, acumulando despojos de cigarros en ceniceros, comiendo sin prisa en restaurantes de medianoche, otros deben trabajar para garantizar esa buena noche. Después de una pesada semana de trabajo, una vez más te esperan […]

Mientras unos se divierten platicando en los bares, vertiendo licor en copas transparentes, bailando la música electrizada del ambiente de las discos, acumulando despojos de cigarros en ceniceros, comiendo sin prisa en restaurantes de medianoche, otros deben trabajar para garantizar esa buena noche.

Después de una pesada semana de trabajo, una vez más te esperan los amigos. Y en cada una de tus visitas por esos lugares, sobre todo por las noches, ya sea para divertirte, comer o llenar tu tanque de gasolina, hay un grupo de jóvenes que esperan por ti para atenderte de lo mejor y quizás tú los has pasado inadvertidos, pues no te das cuenta que muchos de ellos están empecinados en cumplir una gran tarea: por el día se preparan en sus estudios para su futuro y por las noches se preparan para atenderte con amabilidad a fin que la pases súper bien.

Y el calor de Managua se hace un poco menos sofocante a medida que entra la noche. Son las 8:30 p.m. y recorremos las calles que nos llevarán a distintos lugares de diversión y mientras observamos que la afluencia de los carros por las pistas se agranda, pues seguramente muchos de sus ocupantes buscan un lugar para comer, bailar, tomar, ver el último estreno en el cine o bien cargar gasolina, llegamos a los Cinemark y un grupo de gente compra los boletos para presenciar “El planeta de los simios”, pero antes de ingresar a la sala y sentarse en su butaca preferida, compran comida rápida o palomitas, entre tanto unos jóvenes muy atentos les atienden con amabilidad.

Dentro de ellos se encuentra Bayardo José Leiva Berríos, un joven de 22 años que se dedica a trabajar desde hace tres años en horarios nocturnos, debido a que siempre ha tenido la necesidad de mantener sus estudios. Esfuerzo que lo cataloga como algo primordial en su vida, pues cree que vale la pena sacrificarse.

“Se me hace un poco difícil, pero se sabe que en esta vida hay que superarse y uno no puede quedarse sólo como un simple obrero, porque tarde o temprano mi esfuerzo será recompensado”, dice el joven con gran seguridad en sus palabras. Cursa actualmente el primer año de Mercadotecnia en la Universidad de las Américas (ULAM) en el horario de 8 de la mañana a las 12:30 del mediodía. Mientras expresa sus sueños, sus compañeros de trabajo observan sus ligeros tic nerviosos provocados seguramente por el objetivo de nuestra presencia.

Su horario es apretado y saldrá al igual que noches anteriores a la una de la madrugada, después de relevar a sus anteriores compañeros desde las 5:00 de tarde. Admirada por sus esfuerzos, pienso y luego le pregunto ¿cómo haces para divertirte?, ¿cuál es el tiempo que ocupas para hacerlo?. “Tengo días libres…”, me responde, “vengo a ver películas y después voy a dormir a la casa”, continúa, mientras tanto señala con su dedo la entrada a la sala del cine. Sin embargo asegura que si quiere ir a divertirse a alguna pachanga, cambia de turno con otros de sus compañeros de trabajo.

¿Ustedes se imaginan pasar sentado en la taquilla de un cine?, ¿Estar ahí desde que inician las tandas hasta el cierre de la última película? Cualquiera diría que es aburrido y cansado ¿verdad?

Visitamos los cinemas. Ahí sentado, pendiente de quien se pueda acercar a la ventanilla, encontramos a Justy Mora Calero, de 23 años. Portaba su camisa de rayas, pantalón azul y corbata. Es el uniforme que lo acompaña seis días a la semana.

Ya había iniciado la tanda de las ocho y media y no había mucho movimiento. Mora Calero tiene un horario de dos de la tarde a una de la madrugada. Tiene que llegar una hora antes. Sin embargo está más que conforme con su trabajo y el horario. No cree que sea un desvelo, “porque duermo toda la mañana y a veces parte de la tarde”, narra muy sonriente, cuando sin esperar se acerca a la ventanilla un grupo de jóvenes muy guapas que se disponen a comprar boletos, y que sin duda, a alguna le habrá gustado por la mirada de pícaro que lanzó sobre ellas.

Una vez más fuera de los cines, nos dirigimos rápidamente a la famosa Zona Rosa, conocida como tal por sus numerosos centros de diversión. Ya estando allí, observamos que sobre la carretera que lleva a Masaya, a ambos lados de la calle, existe una serie de discotecas, bares, night club y uno que otro casino, caracterizados por una enorme cantidad de luces multicolores que despiertan la tentación de dar una bailadita.

Tiempo para diversión

Una masa de humo, música a mil revoluciones, luces intermitentes y un murmullo de palabras y risas, que sin duda se destacan por el tremendo bacanal de los famosos sábados. Una vez que asomo mi mirada en el interior del Bar Discoteque Excess-xs, ubicado sobre la carretera a Masaya, localizo rápidamente con la ayuda del gerente, al joven Whitman Hanoi Palma, de 25 años, que se desempeña como bartender de la disco desde hace tres meses. Está muy ocupado, pues no ha estado quieto en ningún momento durante la entrevista, pero su habilidad la demuestra también en el trabajo, ya que al observarlo por un rato, percibimos que atiende con mucha agilidad y entusiasmo a los clientes, que como lo asegura, lo hace porque “este es mi trabajo”.

Pero además de saber que es su trabajo, reconoce que también es su fuente de ingreso para sostener su carrera de Administración Turística y Hotelera, en la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC) y para garantizar el sustento de su pequeña hija. Aunque a duras penas le quedan pocas horas para dormir en la mañana, pues una vez sale a las cinco de la tarde de sus clases vespertinas, sabe que rápidamente debe trasladarse a su centro de trabajo, donde el horario de salida no tiene límite estipulado, porque su labor ha concluido algunas veces hasta las seis de la mañana.

“¿Me divierto? Claro que me divierto”, responde tras asegurar que incluso en su trabajo se divierte, ya que en la disco la pasa de martes a sábado. “No malgasto mi tiempo en salir, pues ya me he divertido durante toda la semana”, concluyó el joven.

Rápidamente salimos del lugar y nos encontramos en el centro de diversiones “Bolerama”, donde no cesamos de mirar a un grupo de jóvenes que se divertían jugando boliche, y seguramente satisfechos por el servicio que les ha ofrecido el joven de 20 años, Wolfgang Alejandro Canales, quien desde las dos de la tarde hasta las doce de la noche permanece de pie dentro de un pequeño cuarto de vidrio para recibir el dinero del alquiler de los equipos para jugar.

Canales trabaja de noche, porque está consciente que es la única manera en que podrá coronar su carrera de Ingeniería Civil en el RUPAP, y para gastar en otras tantas cosas. “El dinero que gano aquí no me lo va a dar otra persona”.

¿Y la diversión donde la deja?, claro el joven estudia, pero también se divierte, aunque tenga que desvelarse. “Cuando quiero divertirme aguanto el desvelo. Con tal de divertirse uno aguanta”, aclara Canales, a la vez que nos hace saber que también tiene sus días libres, tiempo que ocupa para lavar su ropa, estudiar y dormitar un poco.

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