- Violencia, guerra, desempleo e
incertidumbre siguen persiguiendo a los colombianos en tres años de gobierno de Andrés Pastrana - 400,000 personas han emigrado
en la primera mitad del año
Jacques ThometAFP
BOGOTÁ.- Colombia, sumida en una cruenta guerra interna con poderosas guerrillas y grupos paramilitares, acuciada por la pobreza y sin poder encontrar soluciones para los problemas de la droga y la corrupción, se ha convertido en un barril de pólvora de mecha lenta, a un año del cambio de presidente.
El 7 de agosto de 2002 un nuevo jefe de Estado reemplazará al conservador Andrés Pastrana, quien termina un mandato de cuatro años con el país andino a la deriva y con el único punto de referencia de la ya lejana victoria en la Copa América de fútbol, el pasado 29 de julio.
Una anarquía generalizada se ha instalado en este país, que sin embargo tiene una bendición geográfica, con sus tierras cálidas, tres cordilleras andinas, dos océanos —Atlántico y Pacífico—, ríos gigantescos y riquezas geológicas con el petróleo a la cabeza, pero que está gangrenado por la cocaína.
La clase dirigente es más rica que nunca, y a punta de dinero domina el pantano en que se encuentra sumido un pueblo sin futuro, con una tasa de desocupación superior al 18%.
A suceder a Pastrana aspiran con posibilidad cierta, de acuerdo con las encuestas, Horacio Serpa (liberal socialdemócrata), Alvaro Uribe (liberal de derecha) y Noemí Sanin (independiente, aunque de raíz conservadora).
Las élites políticas que se turnan el poder, han tenido como única oposición una guerrilla izquierdista de 20,000 hombres. Los izquierdistas que han intentado la aventura democrática, como la Unión Patriótica y el M-19 a fines de los ochenta y comienzo de los 90, han sido diezmados por la extrema derecha.
Un ejemplo del descrédito político: ocho diputados acaban de pasar 10 días en Rumania con 380 dólares diarios de viáticos, a pesar de que fueron invitados con todos los gastos pagados, y se requirió de una encarnizada campaña de prensa para obligarlos a reintegrar el dinero que no gastaron.
La realidad social, con un salario mensual mínimo de 120 dólares, es decir 50 veces menos que el sueldo de un congresista, sobrepasó los límites de la resistencia, en un país con una miseria rampante para el 59.8% de sus 42 millones de habitantes.
Para reducir a una guerrilla con un programa difuso, sin otro blanco que los secuestros de civiles o los atentados a los oleoductos, Pastrana abrió un diálogo en 1999, pero hasta ahora éste no ha conducido siquiera a un cese del fuego. Esta semana, Pastrana y el Ejército de Liberación Nacional, la segunda guerrilla del país, rompieron el diálogo.
EL DRAMA CAMPESINO
La guerra, con un balance dantesco, 200,000 muertos en 37 años, ha provocado una fuerte migración campesina a las ciudades, donde engrosan los cordones urbanos de miseria. En los últimos diez años la población campesina pasó de 15.5 a 5 millones, en tanto que 2 millones han sido desplazados.
Es pasmosa la realidad agrícola del país, que se vio obligado a importar el año pasado 7 millones de toneladas de maíz, arroz y trigo, a pesar de que su clima idílico le permite explotar sus tierras sin tener siquiera que regarlas.
En ese contexto, la única salvación para los campesinos se ha reducido al cultivo de la coca, que produce 580 toneladas de cocaína por año, de las cuales tres cuartas partes van al mercado de Estados Unidos.