- Literatura latinoamericana ha perdido a una de sus grandes figuras
- Traducido a más de 50 idiomas y con más de 20 millones de libros vendidos, fue el más leído de los autores brasileños en el mundo
AFP
SALVADOR, Brasil.- Centenares de habitantes de la mística ciudad de Salvador, capital del estado brasileño de Bahía (nordeste), comenzaron a despedirse el martes del novelista Jorge Amado, fallecido el lunes, y cuyas cenizas serán arrojadas debajo de un palo de mangos en el jardín de su casa, según su voluntad.
El ataúd con los restos del novelista fue velado en el salón de honor del Congreso provincial de Bahía, en Salvador, y una larga fila de personas aguardaba desde temprano en la mañana para darle el último adiós al creador de una galería de personajes inolvidables.
Entre la muchedumbre se mezclaban admiradores de la obra de Amado, y entre ellos era posible encontrar personas que recordaban a Vadinho, Nacib o Pedro Bala, algunos de los personajes surgidos de sus libros y que recorrían las calles de Salvador.
En el interior del vetusto palacio del Congreso provincial, altas autoridades e intelectuales locales se alternaban en una guardia de honor, incluyendo integrantes de la Academia Brasileña de Letras, a la que Amado había sido escogido en 1961 con el voto unánime de sus integrantes.
El cadáver de Jorge Amado fue velado durante toda la noche por su familia. Quien fue el gran amor de su vida, su esposa Zelia Gattai, no se separó del féretro.
Amado, un ardiente comunista que transformó en literatura de consumo masivo la explotación de los campesinos de Bahía, la fuerza del candomblé y la discriminación contra los negros, falleció la noche del lunes a causa de un síncope cardíaco, a los 88 años.
DESESTIMABA A LOS CRÍTICOS
En su carrera literaria de más de 60 años, Amado fue traducido a 54 idiomas y vendió más de 20 millones de ejemplares; sus libros fueron convertidos en telenovelas y películas de éxito, y legó personajes que se tornaron parte de la vida cotidiana de los brasileños, a pesar de la reserva de los críticos.
El escritor, sin embargo, desestimaba las observaciones críticas de los analistas, a quienes acusaba de limitarse a “un conocimiento libresco. El pueblo huele mal, pero ellos (los críticos) son unos señoritos”. Para Amado, lo más importante era el público.
Aunque nació en una hacienda de cacao en 1912, y cursó estudios primarios en Ilhéus, Salvador se tornó en el eje gravitacional de su vida a partir de la adolescencia –cuando llegó para continuar sus estudios– y luego también en un escenario preponderante de su obra.
Aquejado por serios problemas de salud, Amado limitó al máximo sus apariciones públicas y viajes en los últimos años. Permanecía en su casa, en Salvador, recibiendo a sus amigos para largas charlas.
SARAMAGO: “ENORME PÉRDIDA”
El Premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago, consideró que el deceso del brasileño Jorge Amado es “una enorme pérdida” para la lengua portuguesa y para la literatura mundial.
“El hecho de que los libros del escritor brasileño hayan sido traducidos a unas 50 lenguas, demuestra claramente la proyección de su obra y la grandeza de su persona”, declaró Saramago.
“Jorge Amado era muy humano y muy cordial. Conservo los mejores recuerdos de los días en que estuvimos juntos en París y en Salvador (Brasil)”, añadió.
“Se me va un amigo muy querido, y creo que América Latina pierde a un escritor excepcional, un hombre que en sus novelas supo mezclar deliciosamente una cierta ironía, y al mismo tiempo un gran amor por su gente”, dijo el laureado escritor colombiano Álvaro Mutis, en una declaración desde Ciudad de México a la radio RCN de Bogotá.
Por su parte, el crítico de literatura e investigador Rafael Humberto Moreno, declaró que “puede considerársele como uno de los cuatro grandes escritores brasileños del Siglo XX, y es destacable su preocupación por la temática social desde los años 30”. “Uno de sus mayores aportes fue ofrecer una visión especial del mestizaje brasileño”, señaló.
A juicio de Moreno, “con Amado también se cometió la injusticia de no haberle concedido el Premio Nobel en los años 60, cuando realmente tuvo un gran apogeo literario”.
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