Esta es una familia ejemplar nicaragüense que se divierte y goza la vida sanamente. En el orden Rudy, Gaby, Christian, Christopher y Francisco Jiménez.

Clan de deportistas

Una peculiar familia capitalina se dedica en cuerpo y alma al deporte Hijalmar Padilla [email protected] En una casa pintada de azul y con verjas blancas ubicada del desaparecido Cine Jardín, 110 varas al lago, en el inquieto Barrio Los Ángeles de Managua, habita la familia Jiménez Salazar. Ellos serían parte de una estirpe pinolera común […]

  • Una peculiar familia capitalina se dedica en cuerpo y alma al deporte

Hijalmar Padilla [email protected]

En una casa pintada de azul y con verjas blancas ubicada del desaparecido Cine Jardín, 110 varas al lago, en el inquieto Barrio Los Ángeles de Managua, habita la familia Jiménez Salazar.

Ellos serían parte de una estirpe pinolera común y corriente si para sus aspiraciones los días transcurrieran con toda normalidad.

Pero, los Jiménez Salazar no se sumergen en la impotencia como obligadamente lo hacen la mayoría de hogares en un país donde cada vez los sueños se diluyen con mayor facilidad, más por culpa de la insensatez del hombre que por los caprichos de la naturaleza.

Han decidido andar por el camino angosto del sacrificio deportivo para convertirse en la excepción. En la casa de ellos el mandamiento número uno es hacer deporte por sobre todas las cosas.

“Aquí las únicas que no son deportistas, son mi esposa Sofía y mi hija Socorro”, dice a modo de broma Francisco Porfirio Jiménez, el jefe de familia.

En realidad Sofía Salazar y Socorro Hernández forman el proyecto deportivo “Familia Salazar”, aportando su grano de arena en diversos menesteres al tiempo que el resto se proyecta en la actividad del músculo y talento.

EL DEPORTE EN LA SANGRE

En esta progenie capitalina casi no hay nadie de sus miembros que no hubiese tenido o sostenga relación con cualquier actividad que le saque el jugo al cuerpo, mientras el corazón parece estallar y los músculos se revientan.

Francisco Jiménez Sr., es el ejemplo que se sigue en casa. A sus 47 años de edad, continúa siendo un ferviente aficionado al ciclismo.

Tras despuntar competitivamente en un tiempo duro, a la mitad de la década de los años 80’, y posteriormente de colaborar con la organización de muchas competencias pedalísticas con el activista Ramón Romero “Romerito”, Francisco todavía sale a rodar sobre su “bici” por las mañanas buscando mantener la forma.

Rudy Alexander, el mayor de sus hijos, de 16 años, se dedicó cuatro temporadas al tae kwon do, donde logró muchas victorias y equivalentes reconocimientos.

Hoy se concentra en los entrenamientos en un arrebato por clasificar en el primer lugar en los próximos torneos de triatlón, válidos para formar la Selección Nacional que participará en los VII Juegos Centroamericanos de Guatemala 2001.

Rudy es el Campeón del I Torneo de Triatlón que hace unas semanas se celebró en el Centro Turístico de Granada.

Después se encuentra Gabriela de Los Ángeles, mejor conocida como “Gaby” Jiménez, de nueve años de edad.

¿La conocen? Pues ella, representando al Club Las Barracudas, se destacó hace una semana durante la participación de Nicaragua en la Copa “51 Aniversario del Banco Central de Honduras”, en Tegucigalpa.

Ganó dos medallas de oro (50 metros pecho con 50.99 y dorso , 44.99), una de plata (100 libres, 1:26.00) e igual cantidad de bronce (50 libres, 37.00).

Ella es la sub campeona nacional en la categoría pre infantil, empero “pisándole los talones” a la monarca, Elenita Martínez.

Siguen Francisco jr., de 12 años, que ha practicado el tae kwon do y ya conquista sus medallitas dentro de las piletas en infantil A.

Se unen Christopher, de ocho años, y Christian (6) que de igual modo dan sus primeros pasos en la natación.

SACRIFICIO Y SUDOR

La familia Jiménez Salazar no es deportista de puro aire.

De por medio se interpone un pasado y un presente de tolerancia y abnegaciones.

“Aunque no fui tan mediocre, lamentablemente ya viejo competí en ciclismo, cuando mi capacidad económica al fin lo permitió”, revela el señor Francisco Jiménez.

“Por eso, ahora que Dios me ha ayudado a salir adelante lo primero que le inculcó a mis hijos es el deporte, apoyándolos en lo posible”, agrega.

Y la paciencia y privaciones han surtido efecto en este núcleo de seres que diario sudan la gota gorda con el fin de ser distintos, al gozar una vida más provechosa y de vigor.

Jiménez, que desciende de una especie indigente, en la actualidad sobrevive de su propio negocio con la ayuda de su cónyuge, Sofía.

“Vendemos de todo en el Mercado Oriental y con eso nos ayudamos. No me puedo quejar después que antes trabajaba duro vendiendo verdura y carne y en una camioneta de acarreo…”.

Lo bueno de todo este esfuerzo es que la naciente generación de los Jiménez Salazar está socando, como se dice popularmente.

“Mis hijos no me han decepcionado. Rudy rindió en tae kwon do y estoy seguro que será campeón en triatlón. Gaby, que no agarraba ni la hora en natación, pues ahora casi llena una mesa de medallas y trofeos”, sostiene el señor Jiménez.

Él no puede esconder su satisfacción.

LOS PRIMEROS FRUTOS

Gaby Jiménez

Apenas alcanza los nueve años de edad, sin embargo, se perfila como una futura estrella de las piscinas con aspiraciones de incluso participar en unas Olimpíadas.

Entrena dos agotadoras horas todos los días, con su club Las Barracudas. Con un promedio arriba de los 90 puntos de promedio pertenece al cuadro de honor como una de las mejores alumnas del quinto grado en el Colegio Tabernáculo Evangélico de Managua.

“Me gusta competir en dorso y pecho y escogí la natación por ser un deporte duro que cuesta mucho. Cada vez me gusta más y sólo pienso en los primeros lugares”, dice Gaby con soltura.

Rudy Alexander Jiménez

En triatlón, en cuatro años de prácticas y competencias, obtuvo diferentes méritos y fue considerado un prospecto.

Probaba suerte en la natación cuando después buscó fortuna en triatlón, donde intenta coronarse el mejor de país.

Es admirador del ciclista estadounidense Lance Armstrong y del nadador australiano Ian Torpe. Piensa representar a Nicaragua, ir a unos Juegos Olímpicos y ser médico.

“Mi mente siempre se concentra en ganar. Espero llegar a ser un buen deportista y médico que salve muchas vidas”, asegura Rudy.  

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