Tino Vargas [email protected]
La justicia injusta acusa una contradicción dentro de la “democracia” actual, y desenmascara la realidad del sistema democrático-corrupto que nos gobierna.
La justicia es una, y no tiene precio, no se vende.
Los que hacen las reglas del juego respecto a la justicia son los “jueces” dedocráticos que desde arriba distorsionan las leyes para mantenerse en un sistema político corrupto.
La escogencia de los funcionarios que han de administrar la justicia debería ser por votación popular, de acuerdo a sus méritos y buenos años de experiencia, la reputación como abogados, no se puede permitir que la dedocracia suplemente la democracia verdadera.
Si no hay justicia, no hay democracia, la que nos falta mucho por conquistar, pero que poco a poco vamos a vivirla con la ayuda de Dios y los hombres de buena voluntad, pues con fe y esperanza el pueblo avanza.
El problema es que el rico compra la justicia y al pobre, se lo lleva la suerte.