Edgard Rodriguez C. [email protected]
Todo ocurrió de una manera tan repentina, que apenas pudimos disfrutarlo y menos que llegáramos a discernirlo.
Vicente Padilla, a quien escasos tres meses atrás habíamos visto sobre el montículo del Estadio Nacional sometiendo al Boer a base de velocidad, estaba ahora en las Grandes Ligas tras un breve período en las menores. Parecía listo para hacer historia.
Es que su lucha era contra la historia. Ningún latino había necesitado de tan poco tiempo para saltar del béisbol aficionado a las Mayores. Ni siquiera Orlando Hernández o Hideki Irabu, quienes a diferencia del nica, subieron en medio de un estruendo publicitario.
Padilla saltó al big show casi clandestinamente, y después de algunos tropiezos con Arizona comenzó a demostrar que no le temblaba el pulso. Y al año siguiente pareció comprender que su lucha era con la historia y que eso significaba voluntad y perspectiva.
Y cuando sus deslumbrantes faenas, en esos momentos en los que no hay espacio para las rectificaciones, se volvieron algo de todos los días, en lugar de recobrar el juicio fuimos atrapados por la simpatía y cabalgamos en medio de una euforia desenfrenada.
¿Y saben qué? Padilla estaba probado que pertenecía a las Grandes Ligas y al staff de los Diamondbacks con Randy Johnson y toda esa gente. Vicente llegó a desempeñar un papel de enorme importancia como “enlace” entre los abridores y los rematadores.
Pero lo imprevisto llegó con su traslado a los Filis. Desde entonces, Vicente no ha vuelto a ser el mismo. Su velocidad está intacta, al igual que su slider, pero parece haber sido despojado de su confianza, y peor aún, de su entusiasmo por el juego.
La noche del jueves, Padilla volvió a emitir señales alentadoras desde las menores, mas lo hace justo cuando Filadelfia ha realizado múltiples maniobras tratando de darle más profundidad a un bull pen que ha sido clave, pero que flaquea de vez en cuando.
Vicente está luchando en Triple A, pero en las Mayores uno tiene la impresión de que hay mucha gente –y bien calificada– con experiencia, un factor de mucho peso para esta época del año. Sin embargo, no tiene de otra que seguir en su lucha desde abajo.