“Cuídate” se ha convertido en la mejor carta de presentación en Nicaragua del grupo español La Oreja de Van Gogh . Los jóvenes se identifican con su letra y las emisoras locales rotan continuamente sus temas. ¿Pero quiénes son ellos? ¿De dónde vienen y para dónde van? ¿Por qué su música goza de tanta aceptación? El guitarrista de la banda en una entrevista realizada vía telefónica por Aquí Entre Nos intenta dar respuesta a algunas de estas interrogantes.
¿Se dice que “La Oreja de Van Gogh” nació del amor a la música, de cinco jóvenes vascos de San Sebastián?
PABLO – Nosotros comenzamos con el grupo sólo por el placer de tocar y al poco tiempo vimos que nos faltaba una buena voz, así fue que de casualidad coincidimos con Amaia en una cena y charlando surgió lo del grupo y ella me cuenta que siempre quiso cantar, la invitamos a que viniera a uno de los ensayos de la banda. Recuerdo que tocamos “One” de U2 y ella lo cantó de maravilla, nos quedamos todos alucinados y así se unió a nosotros. Enseguida empezamos a hacer temas propios y ella se integra de lleno con nosotros y la verdad que fue como una bendición. Nunca pensamos en ser profesionales y tocábamos por amor al arte.
¿Cómo bautizaron la banda con un nombre tan original e irreverente?
P – El nombre surgió de la necesidad de llamarnos de alguna manera y entre los cinco empezamos a barajar todo tipo de nombres y barbaridades diversas y de pronto surgió la “Oreja de Van Gogh” y allí todos dijimos, sí, ese puede ser un buen nombre y así se quedó. Es un nombre que no deja indiferente, o te gusta o te horroriza.
¿Esperaban tener tanto éxito?
P – Nunca se nos cruzó por la mente. Sólo queríamos pasárnoslo bien, estábamos estudiando nuestras carreras, nunca pensamos en ser profesionales de la música. Un día grabamos un demo y se lo mandamos a Sony, nos llamaron, grabamos un disco “Dile al sol” y vendimos 700,000 en España y no sé cuántos miles en toda América. Ahí dijimos, whaw, esto es un sueño, pero creíamos que con esto habíamos tocado techo, vender 700,000 discos en España es muchísimo y calculábamos que el segundo disco “El viaje de Copperpot” si vendía más o menos lo mismo ya era un éxito, al final resultó que en cinco meses logramos vender más de 1,500,000 copias. O sea, que estamos continuamente sorprendidos y desbordados por todo lo que nos está pasando, pero a la vez estamos muy felices y llenos de ilusión y estamos viviendo un sueño de verdad.
¿Cómo les afecta ser tan reconocidos en tan poco tiempo?
P – Para poder seguir con los pies en la tierra, creemos que es muy importante para nosotros no perder una referencia muy importante que es nuestra familia, nuestros amigos de antes. Siempre una vez cumplidos los compromisos del grupo, buscamos refugio en nuestros ambientes de antes, para seguir viviendo nuestras vidas y que el éxito no sea un cambio tan radical. Seguimos yendo a los bares de siempre y seguimos estudiando.
¿Se podría definir el estilo musical de la banda?
P – La Oreja de Van Gogh es más fundamentalmente POP, aunque algunos de nosotros hemos tenido temporadas en que nos ha gustado mucho el rock, y hasta el rock duro, la verdad es que el grupo ahora es bien Pop y casi todas las influencias que tenemos son de ese género. En verdad yo no te sé decir qué música hacemos, pero te puedo asegurar que hacemos la música que nos sale a los cinco juntos, que es de verdad la que sabemos hacer y que no sabríamos encaminarla para un tipo de público o mercado, esas cosas a nosotros se nos escapan, no nos gusta hablar de mercado ni de esas cosas. Lo que nos sale es esta mezcla que se puede encasillar en el Pop pero yo no sabría bien cómo definirla.
¿Quiénes se destacan más a la hora de hacer las canciones?
P – Siempre estamos los cinco en la composición, nos gusta tomar las decisiones en conjunto. Porque nos sentimos muy respaldados cuando estamos los cinco seguros de lo que estamos hacienado. Claro que Amaia y Xabi son más musicales, están más en lo de las melodías, a mí me toca un poco más lo de las letras, aunque todos hacemos letras y música.
Me decías que al grabar el primer CD contaron con la ayuda de Alejo Stivel, ex Tequila, grupo mítico de los 70 en España, y también de Mikel Erentxun ex Duncan Dhu. ¿En el segundo ya le perdieron el miedo al estudio?
P – Como todo en la vida, la segunda vez que entramos al estudio fue una experiencia diferente. Ya teníamos una idea de lo que es grabar y ya sabíamos por dónde sacarle partido al estudio de grabaciones y hasta lo empiezas a disfrutar. En el primer disco íbamos con toda la ilusión del mundo pero fue muy duro. Ya en este segundo tenía más confianza y fuimos muy meticulosos y detallistas. Estuvimos muy pendientes de todo y creo que ha quedado a nuestra medida, con el sonido que queríamos y nos sentimos muy orgullosos del resultado. El reto para nosotros fue demostrar que el éxito del primer álbum “Dile al sol” no fue sólo suerte y con “El viaje de Copperpot” queríamos dejar claro que somos un grupo que tiene muchas canciones qué componer y muchas cosas qué decir. Queríamos hacernos un hueco y que se nos tomara en serio.