Se repite de nuevo la historia demostrando que no perdona. Ésta ha dado un giro de 360º para enfrentar a un luchador continuo por la democracia en Nicaragua, lucha potencializada por la naturaleza de las circunstancias en la época de los 80.
El contrincante político será el mismo que en plena gloria dictatorial, imitando a un mal médico, prescribía una sola receta para los que no eran de su ideología, la receta indicaba el medicamento que curaba de tajo lo que él, como ser todopoderoso, con derecho sobre la vida, muerte y libertad dictaba: a) 30 años de cárcel, esta prescripción era muy lábil, ya que dependiendo de que el endiosado y sus secuaces amanecieran de mal humor, por no tener en su muñeca la última moda de reloj que vieron en “Vanidades”, o porque la Contra había dado un buen golpe, con facilidad pasaba a la segunda opción, b) ajusticiamiento (palabra revolucionaria sandinista que trataba de enmascarar la dimensión del acto criminal).
Enrique Bolaños, líder indiscutible a lo interno contra una dictadura comunista, vuelve a la carga frente a frente y con ésta en alto para confirmar que no se fue ni se irá, que defenderá como siempre la tierra que Ortega entregó a la barbarie internacional. Lo enfrentará en el terreno que siempre lo ha hecho: “El Cívico”.
Un Daniel Ortega que usa esta última palabra con frecuencia, pero no la concibe, que utiliza la democracia pero no la vive, prueba de todo esto es la carta que le envió al dictador Fidel con motivo del aniversario de la Revolución cubana, la que refleja su firme convicción hacia una ideología decadente que pregona la destrucción de la familia, la moral y el civismo; esta carta demuestra que no ha cambiado ni cambiará, que todo el vocabulario cívico que pregona, la utilización del pueblo humilde y pobre, que dice defender, no son más que fachada y vil manipulación para sus propios intereses económicos, en primer lugar, y poder como consecuencia.
Si hoy alguna cúpula de un partido le está haciendo el juego al sandinismo, al dividir el voto democrático, serán así juzgados: culpables por hacer que su partido pierda la personería jurídica al no llenar los requisitos, y como sandinistas encubiertos.
Los liberales estamos conscientes de que estas elecciones serán el ataúd de lo vergonzoso, el entierro de los que disfrazados ahora de demócratas utilizan la democracia para llegar al poder desde donde volverán a sus fechorías.
Dr. Oscar Alegría,
Matagalpa.