“Tenderé mi mano y abriré mis brazos a Nicaragua”

“Llevo sangre nica, y de los bravos” Alberto L. AlemánEnviado [email protected] SAN JOSÉ.- El sencillo despacho del diputado Abel Pacheco de la Espriella está ubicado en uno de los edificios del complejo de la Asamblea Legislativa en San José. Es bastante modesto. En una de las paredes cuelga un enorme mapa de Costa Rica, y […]

  • “Llevo sangre nica, y de los bravos”

Alberto L. AlemánEnviado [email protected]

SAN JOSÉ.- El sencillo despacho del diputado Abel Pacheco de la Espriella está ubicado en uno de los edificios del complejo de la Asamblea Legislativa en San José.

Es bastante modesto. En una de las paredes cuelga un enorme mapa de Costa Rica, y un alto librero guarda decenas de fólderes, libros y otras publicaciones. Predomina una tonalidad celeste apagada.

Fue simple concertar esta entrevista. Bastaron dos llamadas telefónicas desde Managua a su portavoz Marieta Chávez.

Con su estilo llano y colorido de hablar, con ritmo más bien lento y con largas pausas ocasionales, Abel Pacheco aseguró que desea unas buenas relaciones con nuestro país, en caso de convertirse en el futuro presidente costarricense, sin importarle el resultado electoral aquí.

Propone diálogo para resolver el diferendo en el San Juan, pero no descarta, si es “forzado” –según dice– utilizar el recurso de la Corte Internacional de Justicia de La Haya para dirimir la controversia.

Su bisabuela, Josefita Cabezas, fue hermana de Rigoberto Cabezas, quien reincorporó La Mosquitia. Habla de comprensión para los migrantes nicaragüenses que buscan trabajo en el vecino país, pero les pide que se legalicen. De lo contrario “habrá mano dura”, expresa, aunque sin entrar en detalles.

Los columnistas le llaman “populista” por su estilo, a lo que responde que no le preocupa.

En junio obtuvo el 76% de los votos de los 378,000 ciudadanos que participaron en las primarias del gobernante Partido Unidad Socialcristiana (PUSC), ganando así la candidatura presidencial y aplastando a sus rivales, entre ellos a Rodolfo Méndez, beneficiario de la “bendición” del caudillo partidario, el ex presidente Rafael Ángel Calderón Fournier. Golpeado su liderazgo, Calderón le niega su apoyo.

LA PRENSA:.— ¿Cuál es su relación con Daniel Ortega? Si Ud. ganara en Costa Rica y Ortega allá, ¿cómo serían sus relaciones con un nuevo gobierno sandinista?

ABEL PACHECO.— Yo conocí a don Daniel cuando me mandó (el ex presidente) Oscar Arias a Managua (en los años 80), valiéndose quizás de mi amistad con Sergio Ramírez. Lo conocí, estuvimos en una mesa de negociación buscando la paz, y dichosamente tuvimos éxito. Fuimos allá dos delegados de Costa Rica: Víctor Ramón Valverde, por el Partido Liberación Nacional (PLN), y este servidor, por el Partido Unidad Socialcristiana (PUSC). Tuve muy poco contacto con él. A Humberto (Ortega) lo conocí cuando, ahí en una de sus enfermedades, compartimos el mismo médico. Él estuvo acá, yo lo fui a visitar. Pero quede quien quede en Nicaragua, espero que reine la fraternidad entre nosotros, somos hermanos.

LP.— ¿Cree que un gobierno sandinista respetará ahora las reglas del juego democrático o repetirá conductas de los años 80?

AP.— Yo tengo la fe de que Nicaragua merece mejor destino. Que sus nuevos gobernantes sabrán entenderlo, y que ese ánimo beligerante que ha caracterizado los últimos gobiernos –beligerante con todos sus vecinos– va a ser apaciguado. En caso de quedar como presidente tenderé mi mano a Nicaragua, abriré los brazos, el corazón, para que juntos salgamos de la pobreza y el subdesarrollo. No veo otro camino.

LP.— ¿Pero cree Ud. que Ortega volverá al comunismo o no?

AP.— ¿Cómo va a volver al comunismo si eso ya murió? Ya no existe.

LP.— ¿Conoce a don Enrique Bolaños?

AP.— No tengo el gusto de conocer a don Enrique, pero será un gusto conocerlo y trabajar con él si queda. Rotundamente: yo no tengo partido en Nicaragua. Soy muy respetuoso. Pero sí, en mí hay toda la voluntad de que quede quien quede, trabajar en conjunto.

LP.— Si gana Ud. ¿qué piensa hacer en el tema de la migración ilegal de nicaragüenses?

AP.— ¿Qué le puede decir una persona que vivió el exilio allá? Para el nicaragüense que viene a Costa Rica, con sus hijos al hombro, a cambiar un poco de pan por sudor, toda mi consideración. Sólo se le pide que ponga sus papeles a derecho. Para aquéllos que vengan a abusar de la hospitalidad, pues habrá mano dura. Ha ocurrido. Pero esos son los menos, la inmensa mayoría de los nicaragüenses ha tenido aquí sus hijos y los han educado; los hemos “aticado”. Como vino mi bisabuela, que se hizo tica siendo de Nicaragua sus progenitores.

LP.— ¿Cómo se llamaba?

AP.— “Tapita” Cabezas, Josefita Cabezas. Se casó con Jesús Pacheco en Cartago. Y tuvieron a mi abuelo Abel Pacheco Cabezas, sobrino de Rigoberto Cabezas.

LP.— Habló Ud. de mano dura para los que estén ilegales. ¿Qué significa eso?

AP.— Significa para ticos y para nicas, para marcianos y europeos. La justicia debe imperar. La ley debe tener mano dura para todos, no vamos a ser especialmente duros con nadie.

LP.— ¿Qué opina del famoso “muro” que se construye en la zona de la aduana costarricense en Peñas Blancas?

AP.— Yo no creo en muros. Creo en lazos de amistad. El hambre no necesita pasaporte, dijo Oscar Arias. Creo que se exageró en Nicaragua. Eso no es ningún muro, es una triste tapia que lo más que evita es la venta de empanadas y vigorón, ¡Ja, ja, ja! ¡Me la brinco hasta yo con mis 67 años!

LP.— Hay un estancamiento en cuanto a la disputa en el Río San Juan. ¿Qué propondría Ud. para destrabar el entendimiento?

AP.— Dialoguemos. Soy siquiatra, escritor, comentarista de televisión, creo en el diálogo. Y hagamos del San Juan fuente de riqueza y hermandad. Eso es todo. No fuente de discordias. Es absurdo.

LP.— ¿Un gobierno suyo consideraría seriamente llevar a Nicaragua a un juicio en la Corte Internacional de Justicia de La Haya?

AP.— Si me forzaran a ello, sí iría. Trataría por todos los medios de que no fuera así.

LP.— Pasemos al plano interno de este país. Ud. ganó las primarias del PUSC con una barrida del 76% de los votos. ¿Cómo sanará las heridas internas de su partido para ganar apoyo?

AP.— Puedo asegurarle que la Unidad Socialcristiana está compactada, unida. Claro está que hay algunos líderes que no simpatizan con mi persona. Yo tengo rasgos muy definidos. Yo le llamo al pan, pan, y al vino, vino. Y ese modo de ser provoca disgusto de algunas personas. Yo no voy a cambiar. Hay gente que dice que yo me parezco a la abuelita que les pegaba o a un tío muy malo ¡Qué puedo hacer yo! Sin embargo, si bien se ha ido alguna gente, ha llegado mucha otra de otros partidos.

LP.— La prensa costarricense y los analistas lo llaman a Ud. populista. ¿Qué dice al respecto?

AP.— Pues ya que no tienen nada que decirme a mí por mi vida limpia, me quieren tildar a mí de populista (y) populista es aquél que hace promesas falsas. Yo nunca he prometido nada que no pueda cumplir. Así que no es más que un estribillo propagandístico y falso que usan mis adversarios. ¡Qué dicha que es el peor insulto que pueden decir de mi persona! Me avergonzaría que se rumorara que yo he sido ladrón, vividor, explotador. Como no pueden decir nada de eso, saben que siempre he estado en defensa de los humildes igual con el bisturí, la pluma o con el rifle. Si por eso me dicen populista, me siento condecorado.

LP.— Muchos de sus asesores son los mismos asesores del presidente Miguel Ángel Rodríguez. ¿Y entonces cómo va a impulsar un cambio?

AP.— Hay algunos.

LP.— ¿Cuáles?

AP.— Como Constantino Urcuyo, hijo de un gran rivense, por cierto. ¡Los dos hablamos en nica, jodido! (Bromea). Y un gran poeta como buen nica. También hay gente que viene de otros lugares, del calderonismo puro, como don Juan Rafael Lizano, don Roberto Tovar…

LP.— ¿Es el Juan Rafael Lizano que fue ministro de Seguridad Pública de este gobierno?

AP.— Fue ministro de Seguridad. Es el mismo. Ahí se peleó con Miguel Ángel. Y él viene del calderonismo. No estoy hablando de gabinete todavía. ¡No me haga esa torta por favor! Son gente que hoy por hoy me asesoran.  

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