No me toques
con esas manos
que emanan fuego,
porque su calor
hace derretir el hielo
con que he protegido
la lujuria y la pasión;
con esas manos
que deshacen
el hechizo de piedra
que asigné a mi corazón.
No me beses
con esos labios
donde brotan
dulces besos
y esa miel
envuelve la hiel
que cubre los míos;
con esos labios
que desnudan mi alma
de su armadura de acero.
No me mires
con esos ojos,
porque su luz
ciega mi mente;
con esos ojos
desquiciantes a la razón
que es cuerda y presumida.
Aún así, no dejes de hacerlo.