De izq. a der.: Katharine Graham, los reporteros del caso Watergate, Carl Berstein y Bob Wodward, y los editores del Washington Post, Howard Simons y Ben Bradlee, discutiendo las publicaciones del caso. LA PRENSA/ARCHIVO.

De ama de casa a potentada de los medios

EFE WASHINGTON.- Katharine Graham, nacida Katharine Meyer, no estaba ni mucho menos predispuesta al destino que tuvo. Hija de un rico judío de Washington, Eugene Meyer, se casó por amor con Phillip L. Graham y vivió como una dócil esposa y ama de casa a la sombra de su marido. La fuerte personalidad de Phillip […]

EFE

WASHINGTON.- Katharine Graham, nacida Katharine Meyer, no estaba ni mucho menos predispuesta al destino que tuvo.

Hija de un rico judío de Washington, Eugene Meyer, se casó por amor con Phillip L. Graham y vivió como una dócil esposa y ama de casa a la sombra de su marido.

La fuerte personalidad de Phillip L. Graham hizo estragos en Washington a finales de los años 50 y desde la dirección del “Post” dominaba los clanes políticos de la ciudad.

Una enfermedad mental arruinó su vida y tras una serie de crisis se suicidó en 1963.

A Katharine el mundo se le echó encima, tanto por la muerte de su esposo como por el reto de tener que asumir la dirección del Post.

Entró en el diario con un escaso bagaje como reportera y con mucho respeto hacia los santones del periódico.

El pulso no le tembló y su primer gran riesgo lo asumió cuando contrató a un joven periodista llamado Ben Bradlee, que asumió la dirección del “Post” y que junto con Katharine cambiaron radicalmente el periódico, considerado hasta entonces como provinciano.

THE PENTAGON PAPERS Y EL WATERGATE

Graham y Bradlee se jugaron su prestigio y la posibilidad de ir a la cárcel cuando dieron su visto bueno a la publicación de los documentos del Pentágono que sacaron a la luz las mentiras del gobierno estadounidense sobre la guerra de Vietnam.

Con el Watergate, Graham volvió a arriesgarse y dio todo su respaldo a dos desconocidos reporteros de la sección local, Bob Woodward y Carl Bernstein, que sacaron a la luz uno de los grandes escándalos de la política estadounidense.

Las informaciones del “Post” obligaron a la dimisión del entonces presidente Richard Nixon (1974) y constituyeron todo un hito en la lucha de los poderes gubernamentales y la prensa.

En los dos casos, Graham salió triunfante y su aureola quedó para siempre en la historia del periodismo de Estados Unidos.  

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