Se adentran en el lago en grupos de cuatro o cinco pescadores para protegerse a la hora de un percance. Y luego salen también en grupos. LA PRENSA/G. MIRANDA.

Entre peces y esperanzas

Cada día exponen sus vidas dentro del lago, donde sólo se valen de un neumático para pescar artesanalmente La Fundación Istmo realiza esfuerzos para que el gobierno japonés apoye un proyecto de beneficio para ellos Noelia Sánchez Ricartey Hilda Rosa Maradiaga [email protected] La vida de los pescadores de La Virgen, Rivas, podría cambiar. En la […]

  • Cada día exponen sus vidas dentro del lago, donde sólo se valen de un neumático para pescar artesanalmente
  • La Fundación Istmo realiza esfuerzos para que el gobierno japonés apoye un proyecto de beneficio para ellos

Noelia Sánchez Ricartey Hilda Rosa Maradiaga [email protected]

La vida de los pescadores de La Virgen, Rivas, podría cambiar. En la actualidad, el sacrificio que representa una jornada de pesca artesanal, no es remunerado debidamente, pero la posibilidad de formar parte de un proyecto que formuló la Fundación Istmo y que es posible financie el gobierno japonés les ha llenado de sueños y esperanzas.

La mayoría laboraba como obreros agrícolas en las haciendas ganaderas, pero al decaer la actividad pecuaria y ante la dura realidad de encontrarse sin empleo, la pesca se convirtió en su medio de subsistencia.

Marthisabel Barrios, presidente de la fundación, dijo que el proyecto ya fue avalado por Miguel Marenco, director de la Administración Nacional de Pesca y Acuicultura y presentado al gobierno japonés con el fin de obtener financiamiento.

Explicó que el proyecto consiste en realizar un Centro de Acopio comunitario, donde el producto será seleccionado para la venta.

También contempla iniciar un proyecto gradual con diez familias, hasta llegar a treinta, y colocar pequeños restaurantes con igual estructura y aprovechar el paso de turistas por la Carretera Panamericana para ofertar el pescado.

“La idea es que las familias de los pescadores trabajen en estos restaurantes, que se encarguen del pescado desde la pesca hasta la mesa y hacer de La Virgen un parador obligatorio”, explicó.

Se proyecta que el excedente de las ganancias obtenidas del centro de acopio se inviertan de alguna manera, en la misma comunidad.

Leoncio Jiménez, uno de los pescadores, dijo que algunos días son muy malos, pero otras veces pescan hasta 2 mil 100 pescados entre treinta pescadores. Sin embargo, hace falta organización para comercializarlos bien y sacar provecho de la riqueza del lago.

Carlos José Gutiérrez dijo que los pescados son vendidos en el mercado local a muy bajo precio.

Una de sus necesidades es contar con protección a la hora de pescar, ya que en cualquier momento el neumático puede explotar o pincharse, por lo que Barrios espera poder dotarlos de un salvavidas, según dijo.

SIN DESACANSO

Para los pescadores de La Virgen, Rivas, no existe día de descanso. Realizan su labor de domingo a domingo.

PESCADORES VALIENTES

– Muy temprano en la mañana recorren la Carretera Panamericana en sus bicicletas, camino a las distintas fincas cercanas al lago. Su misión es obtener la mayor cantidad de peces.

– Una vez en la costa del lago, inflan sus neumáticos a puro pulmón y equipados con carnada, anzuelo y una cuerda, donde apiñan los pescados, se adentran, hasta tres kilómetros, en las aguas.

– Desafían los peligros que representa esta pesca, quizás única en el mundo entero. En caso de que el neumático se ponche, la acción inmediata es colocar en el hoyo un pedazo de hule para apretarlo y evitar que salga por completo el aire.

– Conscientes del riesgo que significa su labor, se adentran en el lago en grupos de cuatro o cinco, para protegerse mutuamente a la hora de un percance.

– El pescador debe ser muy hábil. El pez que pica el anzuelo es jalado rápidamente hacia la superficie, mientras lo sostienen con los dientes, preparan la otra carnada. El pez que está entre sus dientes es ensartado en la cuerda; pero algunas veces, el siguiente pica tan pronto que el pescador debe ingeniárselas para no perderlos.

– Dependiendo de cómo esté la pesca, la hora de regreso puede ser tres o hasta cinco horas después. Salen con sus neumáticos y las “sartas” de pescado.

– Al finalizar la jornada van en sus bicicletas rumbo a sus hogares. Si la pesca estuvo buena llevarán los sacos repletos de pescados, pero si fue mala irán vacíos del producto; pero no de esperanzas.

– Ellos confían en que la actividad de la mañana siguiente les dará mejores resultados y que en un día no muy lejano todos los proyectos que por ahora son un bonito sueño, se convertirán en realidad.  

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