Cuando encadeno mis deseos a una obsesión, cuando pierdo de vista el horizonte de mi voluntad, cuando estoy furioso deseando el mal y no el bien a los demás, cuando tengo miedo de reconocer mis faltas y errores, cuando no respeto la opinión ajena y quiero imponer la propia, cuando no sé escuchar y no paro de hablar o gritar, he perdido la paz interior.
Cuando el odio gobierna mis sentimientos, cuando el rencor maneja mi conducta, cuando la calumnia o la mentira se estacionan en mi boca y mis palabras, cuando no puedo perdonar, he perdido la paz interior.
Cuando todo esto pasa, pero sobre todo cuando he perdido el amor y la capacidad de amar, he perdido todo, he perdido a Dios, entonces soy esclavo y no libre porque he perdido mi paz interior.
Marlon José Navarrete Espinoza.