Son inconcebibles las enormes tarifas de los servicios de agua, luz y teléfono que existen en nuestro país, y además de eso los pésimos servicios que nos conceden a la pobre y sufrida ciudadanía.
Agua: carísimo el servicio, la cortan cuando les da la gana sin previo aviso, no leen los medidores mensualmente, a veces llega a tu casa en gotas y si te quejas te envían a chequear y casi siempre tenés fuga y tenés que pagar el servicio de revisión y el gasto.
Luz: tarifa cara, la lectura es mala, la hacen con anteojos de larga vista y el lector anota lo que le da la gana. Magnífico, si hay lluvia recia y con tormenta, se corta y te quedás a oscuras. Los voltajes son tan variables que se te viven fundiendo aparatos eléctricos y nadie te los paga porque tu conexión es defectuosa y los alambres muy viejos y ya no sirven, tenés que cambiar todo el sistema.
Teléfono: tarifa carísima, tanto la nacional como la internacional, cuando menos pensás te sale una “llamada caliente” con discado directo de tu casa a un lugar del mundo donde ni siquiera sabés dónde queda y el altísimo valor de esa llamada no te la puede perdonar ni el presidente de la República, y la respuesta más bondadosa que recibís es que te van a permitir pagar en abonos mensuales como una gran concesión; hablás tres minutos o menos, pero te cobran cinco minutos o más. No hay manera de zafarte de un cobro que te hagan, sólo ellos tienen la razón y estás cocinado.
Todos los casos anteriores me han sucedido.
Esa es la realidad de los pobres clientes y sólo le quedan dos caminos: o pagás o te cortan el servicio.
Hernaldo Núñez M.,
Contador Público Autorizado.