La incursión de las pandillas juveniles en política ha demostrado ser una combinación explosiva y difícil de controlar. LA PRENSA/ARCHIVO.

Pandillas en alquiler

En los últimos conflictos políticos más violentos de Managua ha sido evidente la numerosa e intimidante presencia de los pandilleros de los barrios pobres de la capital. En los tranques, en los paros del transporte, en la entrega de firmas ante el Consejo Supremo Electoral, en las protestas estudiantiles, en los actos públicos de algunos […]

  • En los últimos conflictos políticos más violentos de Managua ha sido evidente la numerosa e intimidante presencia de los pandilleros de los barrios pobres de la capital. En los tranques, en los paros del transporte, en la entrega de firmas ante el Consejo Supremo Electoral, en las protestas estudiantiles, en los actos públicos de algunos partidos, y en cualquier acto donde se requiera de la fuerza bruta. Es el negocio político del alquiler de pandillas

José Adán [email protected]

La última vez que se les vio en acción fue hace dos semanas, durante el asalto contra los miembros de la Resistencia Nicaragüense que se habían tomado la Casa Nacional de Campaña del Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

Llegaron impetuosos con su pobreza a cuestas. Gorras hundidas casi hasta las cejas, ropas pobres y camisas holgadas, tatuajes exhibidos, armas rústicas, lenguaje propio, música estridente y agresividad sin límites. Saltaron la malla, se regaron por todos lados, tomaron tubos, piedras, morteros y, como desafío, iniciaron a bailar reggae entre gritos.

A los pocos minutos desataron su fuerza, y a punta de pedradas, balazos, morterazos y golpes, cumplieron el objetivo por el cual fueron contratados: desalojar a quienes protestaban dentro de la casa del PLC. Una vez más, las pandillas incursionaron con éxito en un conflicto político, como lo vienen haciendo desde hace aproximadamente tres años.

Distintos organismos independientes que trabajan con jóvenes en riesgo, han denunciado que las organizaciones políticas del país están “contratando” a pandillas para garantizarse, además de presencia en sus actos políticos, fuerza bruta para resolver cualquier inconveniente que impida sus fines.

LA PRENSA conversó con un joven pandillero que narra cómo los activistas políticos de los diferentes partidos buscan la manera de atraer a los jóvenes. Su historia es la de muchos pandilleros anónimos que por 20 córdobas, una gorra o una camiseta, están dispuestos a quebrarse la vida en un conflicto político que poco entienden.

UNA HISTORIA DE PROMESAS

En 1999, a “Denis” lo buscaron para que participara en una manifestación política. El partido que lo invitó le regaló una camiseta, 100 córdobas y dos medias de ron. Le dijeron que se integrara a los movimientos juveniles y que si podía, que llevara a sus amigos. Así lo hizo, y desde entonces ha participado en más de 12 “actividades políticas” que han terminado en violencia.

“Denis”, quien tiene 17 años, es miembro de una pandilla del Reparto Schick, en la que aproximadamente 60 jóvenes de edades similares no tienen mucho que hacer con su tiempo ni con sus energías. A su casa lo llegó a buscar un activista de un partido y le dijo que le hiciera el contacto con sus amigos, para “armar una pelota” que “defendiera al partido”.

“El broder nos dijo que nos iba a pagar 50 varas a cada uno y, además, nos dio camisas, gorras y nos alivianó con guaro. Después nos montamos en un bus y nos llevaron al Consejo Supremo Electoral. Nos dijeron que si pasaba ‘algo’ con la entrega de unas firmas, que armáramos la regazón y que no nos preocupáramos por la Policía, que no nos iban a echar presos”, cuenta “Denis”, mientras se soba el largo y vertical demonio con alas que yace tatuado en su brazo izquierdo.

En esa ocasión no hubo problemas y les cumplieron a medias con el pago: de 50 córdobas prometidos, les entregaron 20, y no a todos les dieron camisas. Eso molestó mucho a sus amigos y algunos de ellos decidieron no ir más con ese partido.

Dice que varias veces les prometieron que si el partido ganaba les iban a construir una cancha, les iban a dar trabajo y hasta les darían becas de estudio.

SE BURLAN LOS CANDIDATOS

“Una vez nos llamaron para que fuéramos a meternos a una manifestación de otro partido y que armáramos la regazón para que le echaran la culpa a la otra gente (al otro partido). Nos dijeron que si hacíamos eso el partido iba a rifar una bicicleta entre la “pelota”, pero al final no rifaron nada, y más bien nos trataron porque dicen que no hicimos bien la onda. No joda, nosotros los mandamos a comer m…”, expresa “Denis”, quien confiesa, titubeante, que aunque entre sus amigos comentan sobre los candidatos electorales, es sólo para “acabarlos”.

“Nosotros no sabemos mucho de eso, pero ninguno de esos majes nos cuadra (gusta), porque hay veces que parecen tranquilos, pero de pronto miramos en las noticias que son nefastos. Entonces, primo, nada que ver, si uno anda en esta nota es por la palmazón. Ya 50 varitas te sacan de apuros, ¿verdad?”, expresa con satisfacción.

Cuenta que su tía le dice que vote por un candidato determinado, pero él asegura que no piensa votar… a menos que alguien le pague.

“Denis” sabe que pandillas de los otros barrios, igualmente, han sido contratadas por otros partidos para “hacer la bulla”, lo cual ha agravado las rencillas entre estos grupos, ya que ahora no sólo pelean por el territorio, sino hasta por el partido que les paga.

“El otro día nos vinieron a agarrar a pedradas allá en la esquina, y los majes nos decían que nos iban a pasar la cuenta cuando ellos ganaran las elecciones”, relató. Hace unos meses él y su pandilla “rompieron” relaciones con el partido que durante más de dos años les pagó por ir a sus actividades políticas. La causa: promesas incumplidas.

Ahora espera que a medida que se acercan las elecciones, otro partido los busque. Sabe que uno ya anda cerca y ha hecho “invitaciones” en barrios vecinos. “Mirá lo que te digo, no tardan en venir al barrio”, dice “Denis” con una sonrisa burlona en su duro rostro, y con la segura convicción de que sus palabras serán un hecho. La experiencia así se lo ha enseñado.

AMPLIO MERCADO DE PANDILLAS

– Según organismos que trabajan con jóvenes en riesgo, existen más de 200 pandillas en toda la capital con un promedio de 60 jóvenes por cada agrupación.

– La mayoría de los jóvenes pandilleros son menores de 18 años y con familias desintegradas por la pobreza y otros factores.

– En el Código de la Niñez y la Adolescencia hay varios artículos que protegen a los menores de edad de los abusos, explotación y exposición al peligro por parte de adultos, los cuales son ignorados por algunos activistas políticos al utilizar jóvenes en actos de violencia política.

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