De un tiempo para acá, la “reina de la noche” es una pequeña pastilla de llamativos colores y formas, con nombre sugestivo y fama de inofensiva, que empieza a ser consumida cada vez más en estos espacios: el éxtasis.
– Por 40,000 pesos (menos de US$20), los expendedores de drogas ofrecen el éxtasis como la llave que abre por cuatro horas las puertas de la percepción a una sensación única de comunión.
– Por sus cualidades energizantes la promocionan como “la droga del baile” y por sus efectos desinhibitorios como “la droga del amor”.
– En el mundo se venden hasta 500 tipos de pastillas de diferentes colores y tamaños, marcadas con diseños de pájaros, mariposas, personajes de cómic o de dibujos animados.
– En Colombia venden hasta 15 tipos de pastillas con nombres como “mitsubishi”, “motorola”, “dove”, “eva”, “playboy”, “superman”, “smile” y “piscis”, entre otras.
– El tráfico se ha disparado, según la Interpol, en Oceanía, el Lejano Oriente, Europa del Este, Norteamérica y Suramérica, incluido Colombia.
– En Holanda, el mayor productor de “éxtasis” del mundo, cuesta menos de un dólar. A este precio lo compran para la exportación al por mayor las redes de narcotraficantes. Luego lo distribuyen, según la Interpol, por medio de embarques aéreos, contenedores marítimos o correo expreso. Este método es muy popular. En el año 2000, el Servicio de Aduanas de Estados Unidos decomisó nueve millones de tabletas que intentaron introducir a ese país por medio de empresas delivery.
– El negocio es redondo. Se montan pequeños laboratorios, incluso algunos móviles, en los que un químico puede producir pastillas hasta de seis formas diferentes.
– Hasta ahora el alto precio de la pastilla y su vinculación con un tipo de rumba muy definido, ha mantenido el uso del éxtasis (en Colombia) dentro de un grupo muy específico de la población.
– Lo que las autoridades temen es que los laboratorios colombianos fabricantes de éxtasis (se sabe de la existencia de uno en Medellín y otro en Cali), refinen su producción y saquen al mercado una pastilla más económica que la importada. Esto podría atraer a consumidores de otros estratos y ampliar el mercado. Cuando eso ocurre está comprobado que la calidad de la droga baja y, con ello, aumentan las probabilidades de intoxicación o de muerte del consumidor por causa de una droga adulterada.
– El pasado 26 de abril, la Policía decomisó 12,000 pastillas de “éxtasis” en el Parque de la 93, de Bogotá. Las “pepas” iban a ser vendidas por tres hombres, en ese exclusivo lugar del norte de Bogotá, en 700 millones de pesos. Esta incautación es la más grande que se ha hecho en América Latina.
– Las autoridades temen que si se generaliza el “éxtasis”, puede convertirse para esta generación lo que la marihuana representó para la de los 60.
(Extractos de la revista colombiana Semana)